Nos hemos estado enterando de que en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social hay serios problemas en relación con los fondos destinados a la cobertura de prestaciones a que tienen derecho los afiliados a dicha institución, afiliados que suman ya más de un millón.
Recordamos que Vinicio Cerezo, cuando fue presidente, ordenó al Gerente del IGSS, que a la sazón ocupaba ese cargo su pariente Celso Cerezo Mulet, que le pasara buen número de millones de quetzales porque, cualquier ciudadano suponía, claro estaba, afrontaba el gobierno una situación deficitaria que le dificultaba hacer frente a sus obligaciones. Fue ese un abuso presidencial y una actitud pusilánime y de gran responsabilidad gerencial en el Instituto.
El IGSS tiene autonomía, según está preceptuado en su ley orgánica, pero es una autonomía entrecomillada, ya que el Organismo Ejecutivo mete manos y patas cuando se trata de nombrar presidente y/o gerente; cuando “urge cuantiosos préstamos” el gobierno; cuando impone la pesada carga de servicios para los jubilados estatales, etcétera.
Al presente, el entrometido papá Estado adeuda al Instituto no pocos miles de millones de quetzales y, a pesar de los varios cambios de régimen gubernamental, ese Estado, lejos debe de estar en condiciones de reintegrar las numerosas millonadas.
En la institución de referencia se han constituido varios sindicatos de trabajadores técnicos y administrativos, organizaciones que, al igual que otras similares entidades de diferentes instituciones oficiales y empresas privadas, se han dormido en las cenizas como ignorando lo que acontece en el IGSS en perjuicio directo de la clase laboral. Han hecho ¡chitón! esos entes que viven protestando anárquicamente en calles y carreteras, hasta por no dejar de hacerlo, contra el gobierno y contra empresas nacionales y extranjeras. Y como que les “a volunta” aparecer en los medios de comunicación, sobre todo en la televisión… Si no les dieran oportunidad dichos órganos periodísticos para presentar al “Respetable” sus zafarranchos, pues… ¡no recurrirían al exhibicionismo de sus rabietas o berrinches!…
El sector laboral no debe descuidar las cosas relacionadas con los servicios que el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social presta a sus afiliados de casi toda la República, porque de repente, por la negligencia y la corrupción de los altos funcionarios, esa entidad, fundada por disposición del presidente Juan José Arévalo Bermejo, puede colapsar o pasar, infortunadamente, a dominio de la llamada iniciativa privada.
Puede decirse que los dineros del IGSS son sagrados y, por lo tanto, no deben ser manoseados ni malversados como viene ocurriendo desde las últimas décadas del siglo anterior.
Los malos manejos administrativos del supuestamente autónomo ente no deben quedar impunes. Los autores responsables de los malos manejos deben irse a pavonear a Pavón amalgamados con los empedernidos delincuentes que constituyen pesada carga para el Estado.
El actual régimen de gobierno debe tomar todas aquellas medidas orientadas a fortalecer en lo económico-financiero y a mejorar los servicios y prestaciones destinados a los hombres y mujeres que, en lo personal y familiar, dependen del salario.
A estas alturas del tiempo, el Instituto está cubriendo la mayoría de los departamentos de la República, y sus programas, mal que bien, están protegiendo a los afiliados y afiliadas.
Los guatemaltecos debemos mantenernos ojo avizor respecto del funcionamiento del IGSS, a fin de que haya superación de servicios para la clase trabajadora, porque a la hora de que se produzca su impotencia o colapse la institución, puede haber un indeseable estallido social a lo revolucionario y, entonces, sería la de tronar y crujir de dientes… Indudablemente, ¡señores del jurado!