Los demonios andan sueltos


La mejor receta para deprimirse y que surjan deseos de salir huyendo hacia otro paí­s es observar, aunque sea con la indiferencia que nos caracteriza, lo que acontece en Guatemala. Es imposible cerrar los ojos ante tanto crimen, corrupción, impunidad, en donde resultan ser victimarios, «autoridades» responsables de velar por nuestra seguridad, hasta los ya tradicionales mareros o narcotraficantes que aportan su cuota de dolor a miles de ví­ctimas que sufren esta imparable violencia sin poder hacer nada para terminarla porque el sistema de justicia (PNC, MP, tribunales), está, en su mayorí­a, lleno de corrupción e intereses personales. Es decir, estamos desprotegidos y de ahí­ que, según informaciones de prensa, hasta el momento, en 2010, se han producido linchamientos que han dejado 48 personas muertas y 249 heridas, en un afán de comunidades enteras de tomar la justicia por su propia mano guiadas por una desesperación que ya llegó a los lí­mites que puede soportar un ser humano o una sociedad.

Héctor Luna Troccoli

Son tantos los asesinatos (según el GAM en el primer semestre de este año ya casi llegamos a los 2 mil), que otro tipo de delitos como robos frecuentes (más de 100 diarios solo en residencias de la capital), agresiones y violaciones a mujeres, robos de vehí­culos, celulares o comercios, ya no tienen cabida en el frágil sistema de investigación y captura de los responsables, no solo porque los delincuentes aparentemente superan en número y en «esfuerzo» a las fuerzas de seguridad, sino porque las denuncias disminuyen porque las ví­ctimas tenemos metido el sí­ndrome de la desconfianza en las autoridades y en los entes de investigación. No denunciamos porque solo será una forma de perder el tiempo y al final ellos, los denunciantes, terminarán por ser asfixiados por la impotencia de que no hacen nada, ni uno puede hacer nada.

Y si a lo cotidiano de esta visión digna del infierno de Dante, agregamos que cada dí­a se destapan nuevas ollas de escándalo y que dejan escapar más demonios como el caso de Pavón, «reactivado» sorpresivamente varios años después, lo que provoca el que uno se ponga a pensar qué hay detrás de todo esto, al igual que una ex fiscal costarricense de la CICIG que «sorpresivamente», también varios meses después, lanza acusaciones contra Castresana y no en el momento preciso y oportuno de presentar esas denuncias públicamente y ante los mismos tribunales; o el extraño caso de un ex vicepresidente Stein que con toda claridad  en la televisión afirma que «dieron todo su respaldo a la recuperación de Pavón», o un ex director de COPHREDE y ahora Relator de las Naciones Unidas para la Libertad de Prensa, a quien se sindica al menos de no hacer nada mientras estaba presente en la toma de Pavón en donde fueron asesinados siete reclusos…

Yo creí­a que ya habí­amos llegado al lí­mite en el que nada nos puede sorprender pero, aparentemente no es así­. No hay que ser malpensado, dicen, pero algunos creen que esto pueda ser una cortina de humo para que por ejemplo «la ley de extinción de dominio» que se discute en el «honorable» Congreso pase sin que se meta en ese canasto la posibilidad de actuar contra ex funcionarios que se han enriquecido ilí­citamente como algunos de los propios diputados; otros afirman que se quiere desviar la atención mientras se cocina la elección del nuevo fiscal, el contralor de cuentas y lo que es más grave, la nueva Corte de Constitucionalidad que tendrá en sus manos decidir si doña Sandra puede o no puede participar en las próximas elecciones, por la composición institucional de esa corte yo apostarí­a a que siempre sí­,  ¿no es cierto, general Rí­os Montt?…

 

No cabe duda que efectivamente los demonios andan sueltos y que juegan con nosotros aprovechándose de que perdimos nuestra capacidad para rebelarnos y dejamos que las cosas pasen, solamente para que después podamos quejarnos y que nadie nos haga caso.

Muchos de los últimos eventos que han ocurrido parecen montajes que esconden otras intenciones. Y tal pareciera que se cumple de alguna manera lo que el martes observaba en una entrevista que CNN le hizo al ex presidente de la Comisión contra el Narcotráfico de Italia, quien decí­a que para combatir este flagelo hay que atacar sus fuentes económicas y financieras que se traduce en que un 60 o 70 % de la droga que se produce, es «invertida» en negocios inmobiliarios, de turismo y comercio particularmente y que la única forma de acabar con este y otros males, como el hecho de que el narcotráfico ya es parte del poder económico y polí­tico de muchos paí­ses, es que la sociedad se rebele y exija cambios profundos en áreas sociales y en medidas punitivas que sancionen drásticamente a estos criminales.

Bueno pues, entonces: ¡Bienvenido, señor Dall»Anese!…