Es una viña para la gente que va a horcajadas de la política (o de la politiquería partidista) la superdesarrollada burocracia.
Nada menos, la Presidencia de la República tiene asignado un presupuesto de casi 130 millones de quetzales.
El gobernante y su alter ego -el número 2- ganan, cada uno, como 150,000 quetzales al mes, y eso, desde luego, es lo que se sabe, ¿y lo que no se sabe?, ¡sepa Judas! Otros jefes de Estado de las Américas, incluidos los sayones del Caribe y del Sur, asimismo, paladean buen jugo?
Los ministros perciben, también cada mes, unos 50,000 quetzales; los viceministros no se quedan muy atrás.
De los 158 diputados, sólo una minoría hace proyectos de ley que son presentados para su estudio en el pleno. La mayoría únicamente se ha caracterizado por politiquear, empinar el codo y comer, dormitar en las curules y levantar la mano para aprobar lo que talvez no entiende o no ha escuchado por estar soñando en brazos de Morfeo; más, eso sí, cobra alegremente la «insignificancia» de 30,000 pericos sin trabajar con la eficiencia de unos cuantos que constituyen la minoría. ¡Ya se está haciendo tarde para hacer el desmoche de los «legisladores» que sobran desde que mangonearon «aquellos unos»!?
El «Gran Jefe»; el que le sigue en orden jerárquico ?o sea el número 2-, los ministros, los ocupantes de las perezosas del Congreso y otros encopetados funcionarios de la frondosa burocracia tienen toda una sarta de asesores de las diferentes profesiones, quienes, asimismo, se nutren que da gusto u horror en las ubres del presupuesto nacional.
La Presidencia, con aprobación del Congreso, destina más de 105 millones de quetzales para garantizar la vida del «mero, mero» y del segundo de a bordo, de sus familias, de otros burócratas empingorotados y de los ex gobernantes. ¿Qué tal? ¡Con qué razón en el famoso partidismo hay voracidad de lobos y buitres!…
Entretanto, se desatienden los múltiples problemas que aquejan a la enorme masa social empobrecida: Hambrunas, analfabetismo, enfermedades, carencia de viviendas, desempleo, entre otras cosas que sería prolijo y asaz tedioso reiterar.
Hay otra serie de renglones presupuestarios que constituyen un «siguán» que se traga millonadas y millonadas que deberían destinarse a realizaciones de positivo beneficio para el pueblo, pero la clase burocrática del elitismo es la que se aprovecha de los dineros que aporta ese pueblo aguantador, para el enriquecimiento fácil, ¡incluso con salpicaciones de la corrupción!
Es de citar aquí lo que dijo Alan García en la campaña electoral que le dio el triunfo para ocupar el trono por segunda vez en el Perú. Ofreció rebajar sustancialmente el sueldo del Presidente y, a la vez, los asignados a los demás funcionarios, principalmente a los más encumbrados. No sabemos si don Alan ha cumplido dicho ofrecimiento; pero, si efectivamente lo cumplió, eso es digno de reconocimiento y de ser imitado el ejemplo por los gobernantes de turno del presente y del futuro de nuestra turbulenta América Indiana. ¿Será eso como pedir peras al olmo? ¡Sería el colmo que, en vez de remedarlo, siguieran dando rienda suelta al peculado aún con los pecados de la corrupción!
Quien haya de ser colocado aquí al timón de la nave el 14 de enero del 2008 debería entrar de lleno, sin mayores ceremonias ni titubeos, a la rebaja de los sueldos de la presidencia, de la vicepresidencia, de los ministros, de los diputados y demás burócratas privilegiados, amén de suprimir los racimos de asesores de Tía Coneja y los gastos onerosos en general que frenan la obra positiva del papá Estado.
No hay que olvidar que el gobierno desempeña el papel de administrador de los bienes del Estado, pero, infortunadamente, el subalterno del Estado, como todos sabemos, es mal administrador; si no es así, que lo digan los ilustres ciudadanos que tienen el barniz de políticos y, sobre todo, los quilates de estadistas, no el cuero de los politiqueros que, como dicen lo demagogos del izquierdismo recalcitrante, son unos pobres diablos del partidismo que nada bueno hacen en beneficio de desastrada masa popular que rumia miseria, dolor y tragedia.