La hambruna global que se avecina, cantada por los mismos países industrializados que son en gran parte quienes proporcionan información a los medios de comunicación internacionales, no es cosa de tomarlo a broma porque los pronósticos son serios, si es que se pueden tomar como serias las advertencias de la ONU, la FAO (Food and Agriculture Organization u Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), los EE. UU., la Comunidad Europea y otros países e instituciones relevantes en el mundo.
Preocupada por la ley de porcentajes de biocombustibles agregados a los combustibles fósiles en Europa, sobre los efectos que el biocombustible generaría relacionado al hambre en el mundo entero, la Comisión Europea recientemente propuso enmendar su ley, con la finalidad de llegar únicamente a la mitad de su meta para 2020 utilizando biocombustibles fabricados de cosechas de alimentos o de productos cosechados de tierras que originalmente fueron dedicadas o consagradas para producir alimentación para los seres humanos.
Guatemala, siendo originalmente casi autosuficiente en su producción de maíz, comenzó a ser más y más dependiente de las importaciones de los excedentes estadounidenses de maíz subsidiado que comenzaron a fluir hacia el Sur en los años 90. Los agricultores guatemaltecos no podían competir y la producción en Guatemala bajó aproximadamente un 30 o 35%.
Pero una vez los EE. UU. comenzó a utilizar maíz para llenar sus nuevas normas de uso de biocombustibles para 2007, se acabaron las importaciones de maíz a precio bajo en Guatemala. La fabricación de biocombustibles de maíz disparó los precios. “Eso no es éticamente aceptable” dijo Guy Gauvreau, jefe del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas para Guatemala.
Lo real es que el Capital no tiene conciencia y la mayoría de quienes lo manejan en grandes cantidades tampoco; menos aún la van a tener quienes son manejados por el Capital… los que hacen cualquier cosa por dinero, incluso hambrear al mundo entero.
Los mayores capitalistas guatemaltecos y los políticos son generalmente manejados por el dinero. El dinero también es el patrono de muchos ministros y trabajadores del Estado. La mayoría de ellos hacen lo que sea por dinero, por eso es que “lucharon fuertemente” para lograr el “chance”.
Exactamente igual ocurre con la Presidencia y la Vicepresidencia. Ahora ya son pocos los guatemaltecos que creen que una persona va a endeudarse con dinero que jamás ha tenido en su vida, por “su enorme preocupación por mejorar las condiciones de vida de sus connacionales.” El caso de la pareja presidencial actual es paradigmático, de allí su casi inmediato desprestigio.
La entrega del territorio nacional y otros privilegios inició hace muchísimos años. Ocurre ahora que se ha acelerado ese enorme entreguismo de tierras y privilegios con el fin de exportar materiales básicos para biocombustibles y minería, de donde plutócratas y burócratas reciben cantidades tan grandes de dinero que asquea, todo a costillas del subdesarrollo, la explotación desmedida y el hambre de las mayorías. Parece que no aprendimos mucho de la revolución francesa o de la razón de la caída del imperio romano.
Ahora que ya comenzaron abiertamente la propaganda eleccionaria, inició también la apertura del mercado del hambre. Empieza la lucha por convencer “quién va a quitarle el hambre” a una población con más del 50% de niños padeciendo desnutrición crónica. Por un lado Sandra Torres y por la otra Roxana Baldetti y atrás el resto de cartones de la lotería. El hambre del pueblo de Guatemala para los candidatos no es más preocupación que: ¿Quién convencerá más y mejor?
El capitalismo es bueno. Su aplicación en Guatemala es pésima, hasta que aprendamos de Francia o de la Antigua Roma. Entonces habrá cambios.
Parece que mantener el hambre es buen negocio para los políticos y el Capital guatemalteco.