LOS COíGULOS EN LOS AVIONES


Con el objeto de compartir con los médicos colegas las novedades de la medicina, acostumbro deshojar las revistas que ya he leí­do y enví­a los artí­culos recortados, a los diferentes amigos según su especialidad. Esta costumbre además resuelve el problema de la acumulación de revistas ya leí­das que cuando ya son muchas, lo único que queda es echarlas a la basura.

Dr. Carlos Pérez Avendaño

Sin embargo, hace algunos años el Dr. Arturo Núñez Paiz, buen amigo y magní­fico internista fundó la Red Académica Médicos Internet, RAMI, por medio de la cual enví­a, a médicos amigos y por ví­a Internet, artí­culos interesantes que distribuye según la especialidad. Al Dr. Núñez Paiz se ha unido últimamente el Dr. Mario Lambour que nos enví­a artí­culos sobre cardiologí­a y medicina humanista.

Es un trabajo que requiere dedicación y esfuerzo, y que por ser resultado del altruismo de esos dos colegas, nos mueve a público agradecimiento. Es también una labor que deberí­a ser acogida por el Colegio de Médicos y Cirujanos como parte de sus programas de educación continuada.

Uno de los últimos artí­culos que me envió Arturo, versa sobre el Sí­ndrome de la Clase Turista, publicado originalmente por la revista inglesa Lancet, sobre los coágulos que se forman en las venas de las piernas en vuelos largos y que cuando se desprenden son causa de embolias pulmonares que, con cierta frecuencia son causa de muerte.

Un viajero muere cada mes en Heathrow, aeropuerto en Londres, y en el aeropuerto de Sydney, Australia ocurren 400 casos anuales. Y eso es comprensible, porque un vuelo de Londres a Australia dura un buen número de horas, durante las cuales el pasajero va sentado, apretado, con las piernas dobladas y quietas, lo que favorece el estancamiento de la sangre. Y, si el pasajero es una viejita con artritis a quien se le dificulta movilizarse, más difí­cil se le hará levantarse para pasear por el pasillo del avión y hacer algunas sentadillas, que es uno de los consejos para prevenir ese problema.

Por eso es que yo prefiero el asiento del pasillo porque uno se levanta y sale más fácilmente sin tener que estar pidiendo permiso. La Lila mi mujer se coloca en el de en medio, así­ para salir pisoteándome pasando sobre mí­, sin pedir permiso y sin limitación alguna.

Lancet, nos dice Arturo, recomienda que durante los vuelos largos no se consuman bebidas alcohólicas, porque deshidratan, y como la presión del oxí­geno en el avión siempre es más baja que lo normal, pues los coágulos se forman más fácilmente. Una aspirina también ayuda a evitarlos.

Naturalmente que estos coágulos son menos frecuentes en pasajeros de primera clase donde no se viaja apretado, pero, si usted, por echarse sus tragos, se duerme medio atarantado, y, medio fondeado no se moviliza, pues también se le coagula la sangre.

Así­ es que a la abuelita que padece de dolor de pies y a su marido el mejicano, aquel amigo mí­o que piensa viajar a Dinamarca, mejor vuelen en primera clase, pero, si ya compraron en turista, escojan un asiento del pasillo, tómense un su alka seltzer antes del vuelo, levántense frecuentemente a hacer sus sentadillas con respiraciones profundas y no se les vaya la mano con los reposados tequilas.

Repito mis agradecidas felicitaciones a Arturo y a Mario por su generoso programa.