Los Chávez no son casualidad


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He venido comentando con gran preocupación la forma tan indiferente en que históricamente y en la actualidad se visualizan los problemas de pobreza y falta de oportunidad que aquejan a nuestra gente, pues la receta que hemos sugerido es la misma que ahora tiene a los republicanos en la nevera: dejar que los de arriba generen para salpicar a los de abajo.

Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt


A esa visión hay que sumarle que en países como Guatemala las corrientes más neoliberales se han propuesto destruir la competencia estatal, aparato que debería estar llamado a liderar, junto con el sector privado, un crecimiento económico que reduzca la pobreza. Por el contrario, se han asegurado que ese mismo aparato estatal sea débil institucionalmente hablando, pero fuente sólida de corrupción y privilegios que encuentra en la privatización del gasto público una oferta  inmejorable de recursos.

A mi juicio los líderes como Hugo Chávez en la región no son más que la respuesta a la incapacidad y desinterés que han tenido las clases dominantes que han ostentado el poder para resolver de fondo los grandes problemas de pobreza, desigualdad, desnutrición, falta de educación, salud, justicia equitativa y demás que aquejan a nuestros pueblos.

 Los Chávez surgen por esa visión que llegamos a tener de nuestro Estado en el que en lugar de exigir transparencia para lograr fines ulteriores, preferimos que se alimente la impunidad porque puede que en el futuro nos sea útil y si alguien tiene duda, basta con preguntarnos por qué financiar campañas en Guatemala es uno de los mejores y más grandes negocios a lo largo de la historia.

Yo no simpatizo con los Chávez pero entiendo por qué la gente los prefiere y entiendo por qué se han reelecto tantas veces. Los críticos de los gobiernos de izquierda se aferran a que éstos son corruptos y destructores de la economía, del esfuerzo personal de los millonarios y de ahí no salen, un poco lo que sucede aquí cuando debatimos los grandes problemas, es decir, opiniones cortoplacistas.

Y en efecto, los Chávez puede ser que roben igual o más que los Uribe, pero la diferencia es que voltean a ver a la gente más necesitada, en medio de su corrupción dan algo a los que no tienen y no con ello estoy diciendo que resuelven el problema en un 100%, pero la gente al menos ya no se siente olvidada y empiezan a sentir que por un tiempo, los de siempre no son los que gozan de todos los privilegios.

En Guatemala hoy es justo decir que la próxima elección puede estar entre Baldizón, Canela, Alejos y Sinibaldi, ninguna de ellos con corte de Chávez sino al contrario, plegados a los poderes que hacen ganar las elecciones en la forma tradicional, por lo que será más de lo mismo.

América Latina hoy, en su mayoría, está bajo el dominio de una izquierda que además de voltear a ver a los más pobres, está enfrentando a los capitales tradicionales, a la prensa y otros actores que ellos estiman que han sido las bases para poder ordeñar los recursos del Estado en beneficio de unos cuantos y no de las grandes mayorías.

Si tenemos ejemplos a la vista, si la historia nos ha demostrado que no hay mal que dure cien años, peor hacemos en no ver esas advertencias en el camino. Yo he dicho que los chapines lo sabemos y estamos conscientes que tarde o temprano haremos reventar el país pero nos resistimos a pensar en cómo le damos un chance a la gente más necesitada.

En la medida en que no entendamos que es necesario que seamos una sola Guatemala que se levanta y camina junta, que como guatemaltecos debemos ayudarnos los unos a los otros, asegurándonos que nuestros niños no se queden atrás, que quienes buscan una oportunidad la puedan tener y se comprometan a no repetir el modelo actual, no tendremos futuro y de seguir con esa indiferencia, tarde o temprano les llegará nuestro Chávez.

Asustó Sandra de Colom, pero pasada la tormenta, todo se olvida y seguiremos por algún tiempo con el sistema de financiamiento, inversión y corrupción de las campañas políticas como fuente primordial de riqueza.