Los charlatanes, comerciantes del dolor I


GLADYS_MONTERROSO

“Hay un límite más allá, del cual la tolerancia deja de ser virtud” Edmund Burke

He decidido escribir una serie de artículos para describir a diversos personajes de nuestra sociedad de los cuales hay mucho que decir, y a la vez, pocos nos atrevemos a señalar, muchas veces, por un “respeto” que no se merecen.

Gladys Monterroso
licgla@yahoo.es


El día de hoy iniciaré con los religiosos, sin importan la religión que practiquen, he de informar que soy católica, pero el hecho de profesar esta religión no me hace sorda ni ciega para confrontar las altas deficiencias de los seres humanos que la dirigen, asimismo, creo necesario llevar a cabo un análisis crítico, cada determinado tiempo, sobre nuestros diversos dirigentes. En relación a la religión, realizando un elaborado análisis de la aportación menos los beneficios de las personas que se ha dedicado a tan delicado tema, he de aceptar no sin cierta decepción que este a lo largo de los años ha sido un trabajo muy bien remunerado, lo que no significa, que él mismo conlleve mayores peligros, sacrificios reales, ni otros incidentes que puedan ser tomados desde el punto de vista sociológico y filosófico, como de mayor aportación al crecimiento del ser humano en su integralidad. Veamos, hasta hace unos 30 años el tema religioso, no solamente era considerado tabú, sino que también sagrado, ya que no eran muchos los llamados a ser parte del conglomerado que era el elegido para, escuchar, servir de guía y, además, maestro de todos los pecadores del mundo. Al día de hoy son pocos los religiosos, a los que se les puede dar el voto de fe, ya que dentro de sus propias comunidades, son muchos los que no gozan, ni del respeto, menos del aprecio de la congregación, tengo varios ejemplos para comentar: Me dio su testimonio una de las afectadas, sobre su caso vivido en la niñez, tratándose de tres hermanas, las enviaban a misa a la iglesia del Sagrado Corazón, hoy conocida como Santa Cecilia, a misa de siete de la noche que oficiaba el padre Taranías, de origen español; antes de iniciar la misa entablaba plática con ellas, les regalaba medallitas, estampitas, y las invitaba a su oficina individualmente, quienes entraban, salían con regalitos más valiosos, la persona que me da su testimonio me comenta, que ella no pasaba a la oficina, pero después de tanto ruego, aceptó, para llevarse la desagradable sorpresa que el sacerdote le pidió que fuera su novia, ella se asustó, a lo que el “sacerdote” le contesto, que todo lo que sucedía fuera de la iglesia, no era pecado, y que ella recibiría muchas “bendiciones” si iniciaba una relación amorosa con él, cosa que no solamente no aceptó, sino que no regresó a esa iglesia más, y se quejó con su madre, quien astutamente vigiló a una de sus hermanas encontrándola con el mismo sacerdote con los calzones hasta abajo, la sacó del pelo, y no volvieron nunca más (Eran otros tiempos, no existió denuncia). En relación a la iglesia evangélica, otro testimonio que recibí fue el de una señora en todo el sentido de la palabra, cuyo esposo era mujeriego y bebedor, ella tratando de solucionar sus problemas hogareños, se acercó a una iglesia evangélica,  ubicada, a finales de los años 70, en la zona 2 de esta ciudad, a buscar ayuda; el pastor le dio charlas al esposo durante dos meses, y él aparentemente cambió, haciéndose los dos muy amigos, el pastor le pidió al esposo que le permitiera sostener platicas privadas con la esposa, con la autorización y el beneplácito del esposo, se llevaron a cabo encuentros entre la esposa y el pastor, solamente que él mismo pidió que fueran desayunos por cuestión de tiempo, en el tercer desayuno el pastor llevó un ramo de flores, una Biblia y una pulsera de oro, la señora no aceptó semejantes regalos solamente la Biblia, la respuesta que recibió fue que no confundiera las cosas, que con el amor de Cristo, él le entregaba los obsequios, y que la acompañara al antiguo Hotel Ritz, y que a cambio él le ofrecía dominar a su esposo, para que su hogar fuera lo más tranquilo posible, naturalmente no aceptó. Hace algún tiempo tuve que presentarme al tribunal eclesiástico a una audiencia, programada para las once horas, acostumbrada como estoy a que en los tribunales del fuero normal hay que presentarse y acreditarse con diez minutos de anticipación, y encontrándome en tiempo, lo hice saber, pero tres señores, no vestidos con túnica siguieron platicando, como si se encontraran tomando el té, a las once horas con veinte minutos les hice saber que me retiraría no sin antes levantar el acta notarial respectiva, porque aparentemente la audiencia no se llevaría a cabo; los representantes del tribunal inmediatamente llevaron a cabo la audiencia, ¿Si no hubiera hecho la observación, cuanto tiempo hubiera tenido que esperar para ser recibida? Aún no lo sé. Otro ejemplo sucedido con la iglesia evangélica es la siguiente: por circunstancias del destino conocí y tuve amistad con un pastor de la misma, hombre tranquilo, educado, abogado, siempre se encontraba en su oficina trabajando, el único problema era que frecuentemente lo visitaba su amante, con quien pasaba los fines de semana, un tiempo en la oficina, y otro fuera de ella, los dos eran casados.

Otro tema que me ha preocupado es que en las generaciones de bachilleres de los años 2005/06 y 07, del Liceo Don Bosco, existe un alto porcentaje de jóvenes homosexuales, no digo todos, ni que me pronuncie en contra de la homosexualidad, respeto las decisiones de cada quien en relación a su cuerpo, el problema acá es que se trata de jóvenes, que con el conocimiento de los “sacerdotes” que han sido sus guías, de quienes  ignoro si no los han sabido guiar, o los ha orientado equivocadamente, ha proliferado la homosexualidad. Adicional a lo anterior, ¿Ha conocido usted, un pastor, o a un sacerdote, pobre, sin vehículo, ni buena o lujosa casa? Y todos viven muy bien económicamente hablando, ¿Cuándo Jesucristo, fue, vivió, y murió en la inmensa pobreza? como diría Arjona EL PROBLEMA NO ES LA RELIGIÓN, EL PROBLEMA ES QUIENES SE APROVECHAN DE ELLA.