Los bulliciosos años y la AFP


Mario Vargas Llosa y su esposa Patricia, en una foto tomada en Lima en 1967. FOTO LA HORA: AFP FAMILIA VARGAS LLOSA

Por Elisa Santafé

El escritor peruano Mario Vargas Llosa, que ganó el jueves el Premio Nobel de Literatura, vivió gran parte de los años 60 en Parí­s, donde nada más llegar trabajó unos meses en la Agence France-Presse (AFP) y donde le cautivaron el esplendor cultural y polí­tico que viví­a el paí­s.


«Yo desde pequeñito tení­a el sueño de Parí­s. Estaba convencido de que si no llegaba a Parí­s, no serí­a nunca un escritor, que habí­a que vivir en Parí­s para ser un escritor porque Parí­s era el centro de la cultura, de la literatura», relató él mismo en una entrevista a la AFP en octubre de 2009 en su casa de Madrid, donde vive la mitad del año.

«Fueron para mí­ unos años formidables: gozaba tanto con la atmósfera, el ambiente intelectual… Todaví­a Parí­s era una ciudad muy abierta, uno se sentí­a en su casa desde que llegaba», según el escritor, que llegó a la ciudad en 1959, cuando empezó a trabajar en la AFP durante un año y medio, y vivió allí­ siete en total.

Todo eso a pesar de que «la pasé muy mal al principio porque fui con la idea de una beca, no conseguí­ la beca, tuve que ponerme a trabajar», lo que le hizo descubrir «la disciplina» de la escritura.

«Tengo un gran recuerdo de esos años, tanto desde el punto de vista literario como cultural (…) fueron años muy interesantes.» «Era una época todaví­a de gran esplendor intelectual» en Francia, «todos los grandes escritores de esa generación estaban vivos», según el peruano, que citó a Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Franí§ois Mauriac.

«Habí­a una polémica polí­tica de muy alto nivel, las crí­ticas de los adversarios a la V República (…) todaví­a la polí­tica atraí­a a los grandes talentos en Francia», recuerda.

La «autoridad increí­ble de De Gaulle», «la manera olí­mpica con la que hablaba» o incluso «tronaba»; un «polémico» debate entre el primer ministro de De Gaulle, Debré y el lí­der de la oposición, Pierre Mendes-France, «de una elegancia y de una brillantez intelectual realmente notable, extraordinaria»; o los discursos de (André) Malraux, «el orador polí­tico más extraordinario que yo he escuchado nunca», son algunos de sus mejores recuerdos.

«Me acuerdo de algunos discursos de Malraux absolutamente deslumbrantes, como un discurso que pronunció frente al Panteón cuando llegaron las cenizas de Jean Moulin, qué discurso tan conmovedor (…) ¡qué maravilla de discurso! Estaba De Gaulle allí­ que parecí­a incluso muy emocionado».

Y otro «cuando hicieron un homenaje a Le Corbusier, que acababa de morir, en el patio del Louvre, fue de una brillantez, haciendo enumeración de todos los paí­ses donde habí­a obra de Le Corbusier…»

«Fueron unos años del esplendor del existencialismo, fueron los años del teatro del absurdo, cuando comenzaron Beckett, Ionesco… El teatro tení­a también un momento de muchí­simo auge con el teatro nacional popular, de Jean Vilar, el teatro del Odéon, del teatro de Villeurbaine, de Roger Planchon…»

Poco después de llegar a Parí­s trabajó en la AFP «cuando se abrió un concurso para crear este departamento de español». «Trabajamos un grupo de latinoamericanos y españoles muchos de los cuales después hicieron una notable carrera periodí­stica, como Juan Tomás de Salas, que fue el creador de Cambio 16 y luego director del Diario 16; Juan Luis Cebrián, que fue el primer director de El Paí­s…»

«Formamos un grupo muy simpático y tengo un magní­fico recuerdo, incluso hasta del edificio, que era un edificio muy viejo que crují­a, que temblaba, que parecí­a que se iba a desplomar; ya después se construyó el nuevo, el que existe ahora, en la Plaza de la Bourse».

A continuación pasó a la Radio Televisión Francesa por la noche, lo que le permití­a trabajar menos horas y tener más tiempo para escribir.

A finales de los 60 se fue a Londres «porque querí­a vivir en Inglaterra». «Habí­a un centro que antes estaba en Parí­s y que se habí­a desplazado a Londres con la revolución psicodélica, los hippies», agregó.

«Viví­ desde lejos toda esa transformación en la que lo que eran las grandes preocupaciones sociales y polí­ticas desaparecieron por cosas muy distintas», recordó.