Por Elisa Santafé
El escritor peruano Mario Vargas Llosa, que ganó el jueves el Premio Nobel de Literatura, vivió gran parte de los años 60 en París, donde nada más llegar trabajó unos meses en la Agence France-Presse (AFP) y donde le cautivaron el esplendor cultural y político que vivía el país.
«Yo desde pequeñito tenía el sueño de París. Estaba convencido de que si no llegaba a París, no sería nunca un escritor, que había que vivir en París para ser un escritor porque París era el centro de la cultura, de la literatura», relató él mismo en una entrevista a la AFP en octubre de 2009 en su casa de Madrid, donde vive la mitad del año.
«Fueron para mí unos años formidables: gozaba tanto con la atmósfera, el ambiente intelectual… Todavía París era una ciudad muy abierta, uno se sentía en su casa desde que llegaba», según el escritor, que llegó a la ciudad en 1959, cuando empezó a trabajar en la AFP durante un año y medio, y vivió allí siete en total.
Todo eso a pesar de que «la pasé muy mal al principio porque fui con la idea de una beca, no conseguí la beca, tuve que ponerme a trabajar», lo que le hizo descubrir «la disciplina» de la escritura.
«Tengo un gran recuerdo de esos años, tanto desde el punto de vista literario como cultural (…) fueron años muy interesantes.» «Era una época todavía de gran esplendor intelectual» en Francia, «todos los grandes escritores de esa generación estaban vivos», según el peruano, que citó a Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Franí§ois Mauriac.
«Había una polémica política de muy alto nivel, las críticas de los adversarios a la V República (…) todavía la política atraía a los grandes talentos en Francia», recuerda.
La «autoridad increíble de De Gaulle», «la manera olímpica con la que hablaba» o incluso «tronaba»; un «polémico» debate entre el primer ministro de De Gaulle, Debré y el líder de la oposición, Pierre Mendes-France, «de una elegancia y de una brillantez intelectual realmente notable, extraordinaria»; o los discursos de (André) Malraux, «el orador político más extraordinario que yo he escuchado nunca», son algunos de sus mejores recuerdos.
«Me acuerdo de algunos discursos de Malraux absolutamente deslumbrantes, como un discurso que pronunció frente al Panteón cuando llegaron las cenizas de Jean Moulin, qué discurso tan conmovedor (…) ¡qué maravilla de discurso! Estaba De Gaulle allí que parecía incluso muy emocionado».
Y otro «cuando hicieron un homenaje a Le Corbusier, que acababa de morir, en el patio del Louvre, fue de una brillantez, haciendo enumeración de todos los países donde había obra de Le Corbusier…»
«Fueron unos años del esplendor del existencialismo, fueron los años del teatro del absurdo, cuando comenzaron Beckett, Ionesco… El teatro tenía también un momento de muchísimo auge con el teatro nacional popular, de Jean Vilar, el teatro del Odéon, del teatro de Villeurbaine, de Roger Planchon…»
Poco después de llegar a París trabajó en la AFP «cuando se abrió un concurso para crear este departamento de español». «Trabajamos un grupo de latinoamericanos y españoles muchos de los cuales después hicieron una notable carrera periodística, como Juan Tomás de Salas, que fue el creador de Cambio 16 y luego director del Diario 16; Juan Luis Cebrián, que fue el primer director de El País…»
«Formamos un grupo muy simpático y tengo un magnífico recuerdo, incluso hasta del edificio, que era un edificio muy viejo que crujía, que temblaba, que parecía que se iba a desplomar; ya después se construyó el nuevo, el que existe ahora, en la Plaza de la Bourse».
A continuación pasó a la Radio Televisión Francesa por la noche, lo que le permitía trabajar menos horas y tener más tiempo para escribir.
A finales de los 60 se fue a Londres «porque quería vivir en Inglaterra». «Había un centro que antes estaba en París y que se había desplazado a Londres con la revolución psicodélica, los hippies», agregó.
«Viví desde lejos toda esa transformación en la que lo que eran las grandes preocupaciones sociales y políticas desaparecieron por cosas muy distintas», recordó.