Menos mal que aún me encontraba en ese estado de indolencia pegajosa propia de las fiestas de finales de año, puesto que si la información la hubiesen dado a conocer en un día normal y corriente, me hubiera provocado un síncope cardíaco o, por lo menos, me habría desmayado cual frágil margarita sofocada por falta de agua y exceso de Sol.
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Inicialmente, cuando el inequívoco ministro de Trabajo y Previsión Social, cuyo nombre soy incapaz de retener, anunció que los delegados de las corrientes sindicalistas y los representantes de las fuerzas empresariales no habían logrado ponerse de acuerdo acerca del salario mínimo que debe regir en las actividades agrícolas y en las tareas urbanas durante el año que ha comenzado a correr, más aprisa que un cartero portando telegramas rezagados, me causó cierta alarma que el buenazo del presidente í“scar Berger fuese a tener un arranque de generosidad, propio de su alma caritativa, y que en ese sentido dispondría aumentar exageradamente los estipendios de campesinos, obreros y otros asalariados de la misma categoría.
Lo que sospechaba se convirtió en ominosa realidad, para desazón de los empobrecidos hombres de negocios, extendiéndose a extenuantes terratenientes, porque el Primer Empresario de la Nación decidió por sí y ante sí incrementar en un abultado 5.4% el salario mínimo para las actividades agrícolas y en un desorbitado 5.8% para las labores no agrícolas, es decir, para los trabajadores urbanos.
Para comprender mejor estos agigantados incrementos salariales, debo intentar explicar que los Q44.58 que ganaban los campesinos, al menos hipotéticamente, ahora devengarán Q47 diarios, lo que significa un aumentazo de Q2.42 al día, suficiente para comprar entre dos jornaleros una botella sencilla de agua gaseosa; mientras que los trabajadores urbanos lograron un radical aumento de Q45.82 a Q48.50 diarios, que significa la escandalosa cantidad de Q2.68 de incremento, lo que les permitirá comprar un litro de leche cada tres días, siempre que esté en oferta y de la calidad que sólo los animales domésticos de los dos oligarcas están en capacidad de consumir.
Estos datos los obtuve al leer un subversivo y casi terrorista artículo de Haroldo Shetemul, en Prensa Libre del 2 de este mes, quien se atreve a decir, muy aventuradamente y con obvia dosis populista que esos aumentos «no sirven para nada» y llega al grado su extremismo de calificar de «oligarca» al amado í“scar el Bueno.
Como siempre, intolerantes e incomprensivos que son algunos fanáticos periodistas enemigos de la economía de mercado, del sector productivo del país, de los que forjan cotidianamente el progreso nacional y hasta adversarios de la armonía y paz social.
Con los hiperbólicos incrementos del salario mínimo, los campesinos que trabajan en grandes extensiones de fincas, muchas de ellas en el abandono, si viven con alguna austeridad, lo que implica que no realicen gastos en viajes turísticos a los feudos de don Ricardo Castillo Sinibaldi, allá por Xetulul, y menos a Cancún o a los cayos de Belice, fácilmente podrán ahorrar para adquirir un par de pantalones cada Navidad, sin que ello desmejore su novedosa y bonancible economía familiar.
Infortunadamente el gobierno del presidente Berger no aceptó la generosa alternativa que le han estado planteando los cacifes desde hace tiempo, en el sentido de que no se incrementen los salarios por decreto, como ocurre año tras año, a falta de consenso entre las partes, sino que los aumentos se aprueben con base a la productividad.
Tengo la impresión de que los primeros en aceptar esta medida serían los diputados al Congreso de la República, porque conforme la actividad que desarrollan en el hemiciclo parlamentario su labor sería apropiadamente justificada, evitando así la maledicencia de los críticos. También el presidente Berger saldría ganando, si se toma como índice de su productividad, las múltiples inauguraciones de obras que efectúa en las postrimerías de su gestión, aunque sea la pintura de un puente peatonal.
(Romualdito Talishte le rogaba a su padre, ayudante de albañil, antes del aumento de los salarios mínimos: -Papi, llevános ver tomar atol en el parque de El Centenario o a jugar con las gradas eléctricas del Tikal Futura; no seás así).