Franz Kafka (1883-1924), el celebérrimo escritor checo de principios del siglo XX, creó un cuento titulado «Un artista del hambre» (1922), en el cual el protagonista, atracción de un circo, ayuna voluntariamente por varias semanas. Al principio causaba sensación, pero, al final, a la gente se le olvidaba que estaba ahí y ya no llevaba la cuenta del tiempo que tenía sin probar comida.
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Este cuento, como buena parte de la obra de Kafka, tiene algunas referencias biográficas. Además es una de las mejores alegorías de la vida de un artista, que, usualmente, padecerá hambre sin que a la gente le importe.
Me acuerdo de este cuento ahora que Alejandro Giammattei se ha declarado en huelga de hambre. Sin embargo, me parece contradictoria esta actitud, sobre todo cuando, a pesar de consumir alimentos, tiene atención médica y se hidrata con sueros y no sé cuántos medicamentos.
No soy experto en huelgas de hambre, pero supongo que el objetivo de ésta es presionar a un grupo de poder (en el caso de Giammattei, el poder político y judicial) para que se escuche su voz pagando con el deterioro de su salud. Sin embargo, el ex director de Presidios, a pesar de no comer, no pone en peligro su salud. Es contradictorio, además, que se imponga un plazo para su huelga, porque esto no presiona.
Caso distinto fue el de los recientes disidentes cubanos, uno muerto y el otro a punto de morir, que con su ayuno voluntario atrajeron la mirada internacional y, quizá, esto haya sido motivo para presionar al gobierno cubano a flexibilizar su postura con los presos políticos.
Volviendo a Kafka, él refleja en su cuento la práctica del arte, en la que la mayoría de artistas han padecido (y padecen) hambre, muchas veces por el olvido de la sociedad, que le gusta apreciar el arte, pero no pagarlo, y en caso de emergencias financieras, las actividades culturales y artísticas quedan relegadas al último lugar.
Y como muestra, un botón; hace dos semanas, los artistas que pertenecen a los grupos oficiales (es decir, los financiados por el Estado, especialmente por el Gobierno central) realizaron una manifestación, exigiendo presupuesto para sus grupos.
En buena parte, me imagino que es justo y necesario que los artistas oficiales (u oficialistas) carezcan de recursos financieros, ya que, precisamente por su actitud, el arte se ha convertido en un distractor, en una masturbación mental, cuando se ponen en escena ballets rusos, se publican novelitas criollistas o se ejecutan óperas o conciertos tan ajenos a la realidad guatemalteca.
Por cierto, hablando de música clásica, recuerdo a Mozart que, en el final de su vida, casi muerto de hambre, se llenaba las bolsas de su ropa con las galletas y bocas que ofrecían en los recitales privados que él mismo proporcionaba, para consumirlas después, ya que todo el mundo reconocía su arte, pero no estaban dispuestos a que no muriera de hambre.
Decía, pues, de los artistas oficialistas, que es justo que se hayan quedado sin presupuesto, sobre todo por no propiciar un arte de conciencia, que hiera al espectador y que lo aliente para actuar, y se conformen con presentar obras aburridas, afines a los aburridos intereses de sus mecenas.
Ahora, volviendo a Giammattei, me parece también ridículo que se queje de persecución política, cuando él no estuvo interesado en esclarecer su situación por la vía judicial, sino que se negó a declarar ante juez, pero afuera del juzgado, ante los medios de comunicación, vertió declaraciones que bien pudieran ser tomadas como políticas e, incluso, como proselitistas.
Pero, sobre todo, me parece que anunciar una huelga de hambre con fines políticos, es contradictorio en un país cuya realidad es que el 50 por ciento de la población padece hambre, y no porque asuman una huelga, sino porque la pobreza a la que los han empujado las políticas fallidas, hacen que cada día no tengan qué comer, ni tampoco sueros ni atención médica, ni visitas de la PDH ni atención del Ministerio de Gobernación para evitar que desfallezcan.
Porque el hambre de la población debería ser más noticia que el hambre medicada de Giammattei.
Justo este martes, una manifestación de campesinos protestó en la capital y otros puntos del país, para que se desarrolle el agro, porque hay hambre en todo el país. Ellos son los verdaderos artistas del hambre, que mueren diariamente y a nadie le importa, como fue el final del cuento de Kafka.
Ya lo he dicho en anteriores columnas, pero me permito recordarlo: las grandes revoluciones (francesa, rusa, entre otras) han sido motivadas por el hambre.