Los antimuseos


En el siglo XX, se establecieron varias categorí­as estéticas que se contraponí­an a las disciplinas artí­sticas. Por ejemplo, si habí­a poesí­a, se trató de encontrar la antipoesí­a (como la de Nicanor Parra). Si el arte era una forma de expresión, el dadaí­smo trató de encontrar la forma de no expresar nada. ¿Qué será lo contrario a un museo?

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

Si se define en breve a un museo, se puede decir que éste conserva por largo tiempo dentro de un espacio cerrado las obras de arte.

Tomando en cuenta esto, se podrí­a definir a un antimuseo. Por ejemplo, el contrario de las obras duraderas en el tiempo, se pueden valorar las obras efí­meras. En Guatemala, hay bastantes ejemplos de esto. Por ejemplo, en las tradiciones católicas, las alfombras de flores y aserrí­n, los huertos, las decoraciones de las procesiones, etc., son productos artí­sticos que hoy son, y mañana se «tiran al fuego». En otros paí­ses, es común que artistas realicen obras con arena en la playa o con hielo, que sólo duran un dí­a.

Si se toma en cuenta que un museo es un espacio cerrado, entonces un antimuseo podrí­a ser las obras en espacios abiertos. No hay que olvidar en Guatemala el magní­fico ejemplo que representa el Centro Cí­vico, en donde los murales y los bajorrelieves están a «flor de piel», convirtiéndose éste en un verdadero museo callejero.

Estas obras plásticas del Centro Cí­vico (es decir, los de la Municipalidad, el Banco de Guatemala, el Crédito Hipotecario Nacional y el IGSS) muestran producciones de los mejores artistas nacionales de mediados de siglo, quienes desearon integrar el arte con la funcionalidad arquitectónica.

Otro ejemplo es el de los graffitis, que logran realizar verdaderas obras de arte en paredes públicas. En Guatemala, este arte aún no está afinado, y se ha confundido con las pintas de pandilleros.

Por último, habrí­a que rescatar la historia del Orinal de Marcel Duchamp. El Museo de Arte Moderno de Nueva York, en 1917 le habí­a encargado una obra de arte para la nueva exposición; Duchamp, en tono de burla, envió un mingitorio firmado como «R. Mutt». Sin entender la ironí­a, los encargados del museo instalaron el orinal como si fuese una obra de arte, y, sin querer, dio inicio al arte conceptual.