El próximo jueves la galería El Túnel abrirá la exposición “Zoo Mágico” que reúne dibujos de Magda Eunice Sánchez realizados entre 1980 y 2007, en los que los animales —gatos, palomas y caballos— constituyen el tema principal.
El carácter monográfico de la muestra, seleccionada por el escritor Dante Liano, destaca un aspecto muy significativo de la obra de Magda y funciona, a la vez, como una sugerencia o una invitación para realizar acercamientos serios y especializados al trabajo de esta artista fallecida en 2007.
Nacida en 1946, Magda Eunice Sánchez se formó como artista entre personalidades torrenciales en una época polémica y confusa en la que la Guerra Fría sembraba tensiones y suspicacias que se acumulaban en el ambiente fermentado por el inminente conflicto armado interno y el arte era un oficio de hombres que luchaban por la sociedad y la revolución. Que ella en ese ambiente volátil mantuviera su dibujo alejado de los grandes temas sociales e históricos que apasionaban a los artistas en los años 60, habla no sólo de su carácter retraído y de su personalidad tímida e introspectiva, sino sobre todo de cierta fe en su propio mundo interior, de cierto vislumbre de su riqueza interna, a cuya exploración dedicó toda su obra.
En un ambiente artístico con esas características (grandilocuente, machista, polémico, beligerante y violento), resulta coherente que una artista con la personalidad de Magda se sintiera intimidada y que, confinada a su mundo de mujer, cultivara su oficio de dibujante de manera autodidacta y que buscara sus asuntos no en los “grandes relatos” de la realidad externa sino en las pequeñas emociones que agitaban su espíritu intimidado. Hoy resulta una paradoja interesante el hecho de que Magda no sólo haya sobrevivido y florecido en obra significativa sino que su mundo interior sea el único fresco y vigente entre todos los mundos utópicos ya cancelados que imaginaron los artistas entre los cuales convivió en sus años de formación.
La obra de Magda es la proyección de su mundo interior. Su dibujo y su pintura no son en rigor obra de su imaginación sino de su afán de conocer su propia intimidad. Sus líneas, el movimiento y el ritmo de sus líneas, están dictadas por sus afectos y sus emociones. Sus personajes, tiernos, delicados, graciosos, o bien amenazantes, rotundos, exagerados no tienen nada que ver con ninguna persona real sino que con personificaciones de sus deseos y temores. Sus animales no son un motivo, un modelo, una fuente de inspiración, un tema o un pretexto formal, sino los signos vivaces, espontáneos y sorpresivos de un sobresalto, de un embelesamiento inesperado, de un deseo audaz y súbito, de una nostalgia que se recrea jugando, dibujando. También ellos participan de la gracia infinita que tiene el mundo de la artista ensimismada, y en ese sentido también son símbolos que velan y desvelan una intimidad pudorosa y delicada que sólo de este modo accede a mostrarse. En este punto debe recordarse, por otro lado, que el dibujo era para Magda una forma de conocerse y, al mismo tiempo, de construir y apuntalar esa intimidad que asoma en sus cuadros. Los abundantes animales que habitan en ellos empiezan a surgir cuando su confianza en su mundo, que en parte ha sido construido con sus dibujos, es ya bastante considerable y su obra, como expresión, empieza a volverse compleja.
Algunos de los dibujos que se presentan en la exposición tienen cierto carácter de boceto: son estudios, apuntes, pruebas, que ilustran sobre la manera de concebir el trabajo. Nos dicen que no es sólo la forma del gato, de la paloma o del caballo lo que busca la artista con esos trazos preliminares sino que está tratando de tomar un ritmo, de seguir un movimiento o de captar una expresión o un gesto que no están, sin embargo, en el gato, la paloma o el caballo, sino quizás primero en la mente o en la memoria de la artista, pero que en todo caso tienen que estar en la mano en el momento en que dibuja. Y aquí cuenta también el rastro que deja ese movimiento en el papel: sensual, poroso, delicado. No es simplemente una caligrafía que traza signos gráficos con elegancia y cierto afán expresivo: es una efusión emotiva que sopla líneas, formas y animales que tienen vida.