La velocidad de Cronos es indetenible. El 29 de diciembre recién arrancada la hoja del calendario, los Acuerdos de Paz cumplieron varias lunas, 11 años de su firma. Ya es usual completar la referencia de Firme y Duradera, aunque estén pendientes de ser alcanzados en forma total. Existen materias a la espera de recuperación.
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Por lo tanto la llamada Agenda de Paz establecida que sobrepasa la década atrás, a duras penas registra avances. Influyen causas convertidas en valladares que detienen los pasos y concluyen en ratificar que resulta imposible arribar a la meta final. Sin embargo, si hay decisión y algo más, voluntad política, ello es factible.
A manera de piedra en el zapato figuran muy campantes el hecho del poco desarrollo económico de la población, siempre pasando penurias. Además el escaso y poco visible desarrollo social deja su huella cada vez más. Porque dicho desarrollo rural continúa ausente, a la cabeza por su importancia.
Acerca de la temática en mención, sucesivos gobiernos centrales, en el período electoral han ofrecido cumplirlo. En los pocos planes de esta materia los partidos políticos participantes se les va de las manos. No paran mientes en la trascendencia de dedicar sus mejores esfuerzos al servicio del asunto prioritario.
Hace mucha falta dar luz verde, a la mayor brevedad posible, volcar acciones en la prosecución del tema, tan llevado y traído. Lejos de motivar a la población, conviene sobremanera impulsar proyectos en favor de la misma, por cuanto los logros no vienen por generación espontánea.
Estrategias abundan en el panorama, pero pende bajarlas del marco existente, de cara al desarrollo, no solamente de palabras, que las obras hablan por sí solas. Cuando ello sea hermosa realidad, con perfiles que nos identifiquen más, habremos cosechado triunfos con sabor a desarrollo plural.
Otro asunto calificado también de mayor obstáculo para la paz es la inequidad en la distribución de la riqueza. Empero, todo parece indicar que esto de continuo se torna en asunto delicado, expectante y con el matiz de bomba de tiempo, debido a sus alcances e implicaciones que darían vuelta al calcetín.
En la voz de altos funcionarios del gobierno de Berger, a punto de resignar el mando, los compromisos adquiridos con la firma de la Paz son tarea común. En otras palabras puntualizan ser también de la sociedad en general. Esto significa ni más ni menos que el inveterado caballito de batalla.
El hecho significativo y trascendental de convocar, en primer término requiere poder de convocatoria, cuestión alejada de las manos del ciudadano común y corriente. Pruebas hay suficientes archivadas en los folios de nuestra historia; persiste el rechazo a cualquier intento de diálogo.
A propósito de los Acuerdos de Paz firmados hace 11 años, es vox pópuli que en concreto sólo fue el silencio de las armas a la postre. Y en su lugar las fatídicas armas andan en poder de la delincuencia y crimen organizado.
Urgente y necesario es imprimirle acciones visibles y medibles al tema, si tomamos en cuenta que la acción se demuestra con el movimiento. Tampoco cabe la expresión que los mismos caminan despacio pero seguros. ¡Manos a la obra!