Arrogándose un «pecado de orgullo», don Tasso, el hombre de las mil y tantas culturas, el 8 del presente mes de julio cumplió 88 años de existencia, (Prensa Libre del 6 del corriente), y como lo expresa, más de sesenta de estar en esta tierra del quetzal.
Tengo el privilegio de contarme en el bagaje de sus amigos, pues a pocos años de haber arribado a esta tierra (todavía de la Eterna Primavera), tuve contacto con su persona por medio de la Asociación de Amigos del Arte Escolar, AMARES, cuyas oficinas estaban situadas en el Edificio Recinos de la 8a. calle y 11 avenida, zona 1, Centro Histórico, la presidenta de AMARES era la hoy licenciada Ligia Bernal.
Tengo sospecha, él lo dirá, que ese fue uno de los primeros entes culturales con el cual tuvo acercamiento y se enteró de las actividades a nivel infantil que aún desarrolla dicha Asociación.
Don Tasso fue adquiriendo presencia, como en la actualidad, en una serie de actividades culturales artísticas, literarias, en este profuso universo nacional, al grado de que como se comentaba, y tal vez todavía, que si él no estaba presente esa actividad carecía de prestancia.
Por ser yo, disculpen la arrogancia, periodista cultural, nos encontrábamos con frecuencia, y así una vez en la extinta Dirección General de Cultura y Bellas Artes, a cargo de la licenciada Eunice Lima, se me hizo entrega de uno de mis libros de comedias en un acto, y cuando iba a autografiarse le pregunté como se escribía su apellido y el me contestó: «Escríbalo como a usted mejor le parezca», nada de problemas.
En la inauguración del «Museo Músicos Invisibles», don Tasso estaba presente, nos saludamos cálidamente, como siempre y me preguntó por mi edad, le dije que éramos tocayos, pero le llevo «siete meses adelante», se me quedó viendo y me dijo: «Pues parece que usted fuera mi hijo». Al leer, su hoja de vida se queda uno «peripapético», (hay que inventar palabras es 1a boga). Tengo también la fortuna de conocer esa vitrina que menciona y que no obstante su dimensión ya no caben más galardones. í‰l dice que nació entre dos guerras mundiales, yo nací entre los días de las burucas para derrocar al dictador, de los veintidós años, Manuel Estrada Cabrera, pero no tengo una hoja de vida ni una vitrina como la de él. Otro dato curioso es que parece que tiene el don de la ubicuidad para estar presente a la vez en distintos escenarios, como lo hacía, dicen, San Antonio de Padua. í‰l no tiene vehículo, se moviliza en camioneta y, a pie. Cuando se hace referencia de su persona, sin pretender hacerlo, uno resulta involucrado con él, en mi caso, porque padecemos del mismo mal, obsesión por las culturas de las artes, y por las actividades literarias, él creó las Mesas Ovaladas.
Es agradable encontrarse con don Tasso; admirarlo ¿y por qué no decirlo? venerarlo en su gran dimensión y que sin embargo, siempre es el Tasso humilde, con la humildad de los grandes.
Felicitaciones don Tasso por esos ochenta y ocho, y como se dice: «que siga cumpliendo muchos más».