La reunión, a la que asistirán la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton y el primer ministro yemenita Alí Mujawar, abordará durante dos horas (16H00-18H00 GMT) los graves problemas económicos, políticos y sociales que enfrenta este empobrecido país de la península arábiga, considerado un santuario para los grupos radicales.
«Lo que queremos por encima de todo es un compromiso sobre el desarrollo (y) la construcción de nuestras capacidades contra la radicalización», declaró el martes el ministro yemenita de Relaciones Exteriores, Abu Bakr al Qirbi.
El primer ministro británico, Gordon Brown convocó esta reunión de potencias occidentales, regionales y vecinos de Yemen después de que el nigeriano Umar Faruk Abdulmutallab, de 23 años, tratara supuestamente de detonar explosivos en un vuelo comercial norteamericano Amsterdam-Detroit el 25 de diciembre.
La acción fue reivindicada por Al Qaida en la Península Arábiga (AQPA), un grupo establecido en Yemen que habría entrenado y equipado al nigeriano.
En previsión de la reunión, y de la importante conferencia internacional sobre Afganistán que también albergará el jueves, Gran Bretaña elevó el nivel de alerta terrorista por temor a atentados.
También suspendió los enlaces aéreos directos con Yemen, país que Brown calificó de «incubadora y refugio potencial para el terrorismo».
«Los afiliados y aliados de Al Qaida, expulsados de Afganistán y cada vez más presionados en Pakistán, están buscando explotar otras áreas con gobiernos débiles», como Yemen, dijo.
Las dificultades económicas en un país afectado por una rebelión armada chiíta en el norte y un intento de secesión en el sur, crearon un terreno propicio para el extremismo y aumentaron el riesgo de inestabilidad.
Presionada por los occidentales, Saná intensificó en las últimas semanas su ofensiva contra los islamistas radicales, algo que Mujawar debería recordar este miércoles a la comunidad internacional, para obtener más recursos.