Lo que se discrimina es el traje


José Antonio Garcí­a Urrea

Ahora que la señora Menchú decidió participar en la palestra politiquera se escuchan voces de ¿cómo se va a votar por una «india», para presidenta de la República?, pero la referencia es por el traje que la identifica con la etnia a que pertenece. Si se vistiera a la occidental, la verí­an con otros ojos.

Recuerdo que hace algunos años el quezalteco Mauricio Quixtán, a quien tuve el honor de reconocer y tratar, cuando fue diputado al Congreso de la República, asistí­a a las sesiones con su traje tí­pico, y sus «colegas» sin respetar su alta investidura le decí­an en son de burla, «payaso». ¡Qué pena que los «Padres de la Patria»! se burlasen de otro Padre de la Patria por presentarse a las sesiones vistiendo su traje propio.

También se ha dado a conocer el penoso caso de vedarle el ingreso a más de algún «club» nocturno de la Zona Viva, por el hecho de llegar, igualmente, vistiendo su traje tí­pico, porque en esos lugares de «postí­n» no se permite el ingreso de «indios», y quien así­ lo ha dispuesto no es merecedor de sacudirle la suela del calzado a estas personalidades. Pero si el señor Quixtán hubiese llegado a las sesiones del Congreso a ocupar un curul disfrazado a la occidental, la situación hubiera sido otra.

A los «indios» se les dice analfabetos, bueno, muchos de ellos aparte de su idioma hablan «la castilla», se entienden con nosotros y los entendemos, son bilingí¼es, nosotros no. Muchos hablan, además, inglés y hasta francés por su trato con turistas, son trilingí¼es, nosotros no, ¿quién es el analfabeto?

Si la señora Menchú, Premio Nobel de la Paz, no usara orgullosamente su traje tí­pico, admirado y aplaudido en Europa, aquí­ se le inventarí­an otros chismes. «Cosas veredes Sancho amigo», le dijo don Quijote a Sancho Panza».

íTEM MíS: Guatemala va a ingresar al libro de récords Guiness, como el paí­s con cerca de 20 presidentes de la República electos, porque todos van a ganar las próximas elecciones. Van a cambiar «la silla» por una banca larga, larga, para que los presidentes se sienten con todo su Gabinete y asesores.