Lo que no se dice de la Policí­a


Es tan lamentable nuestra inseguridad, que si una pobre mujer clama misericordia porque asesinaron en pocos dí­as a dos de sus hermanos y a su esposo, en Guatemala ha pasado a ser cosa de poca monta, la que si bien se publica en la mayorí­a de medios de comunicación, para las autoridades no pasa de ser un caso más, uno de tantos que ingresa a las diferentes oficinas encargadas de la administración de seguridad y justicia para ser investigado, se dice, pero que bien sabemos resulta ser otra mentira más. Para el ciudadano común y corriente estos hechos sepultan las esperanzas de recuperar la tranquilidad indispensable para generar más riqueza y prosperidad.

Francisco Cáceres Barrios

La información que recientemente diera Helen Mack, Comisionada para la Reforma Policial, aparte de no aclarar dudas de lo que realmente está pasando adentro de la institución encargada de prevenir y perseguir la delincuencia, confirma que sus resultados siguen siendo raquí­ticos. Porque muy bueno podrá ser que ahora se lleve control del millar de denuncias que se formulan en contra de los agentes; como también nos parece magní­fico que se implemente un Nuevo Modelo de Inspector de la PNC; saber que las depuraciones que antes eran arbitrarias, ahora son justas y que quienes hayan cometido un delito, tienen que responder ante la justicia. ¿Pero qué pasa con la gran mayorí­a de policí­as que siguen haciéndose los babosos ante un hecho delictivo; que cuando son llamados urgentemente por los vecinos, ante la proximidad de que se cometa un hecho delictivo, no actúan como es debido?

Por razones obvias no puedo citar el nombre, registro y cargo del agente que me dijo con franqueza que mejor se hacen los sapos, puesto que cuando han capturado in fraganti a uno de tantos ladronzuelos armados hasta los dientes, no pasan dos dí­as para que los dejen libres y ¡otra vez vuelvan a las andadas! -¿Jefe, qué quiere que haga, me dijo -si cuando uno menos se lo espera tropieza con ellos y al reconocernos, nos hacen señas para que nos cuidemos, porque a la primera de cambios nos cortan el pescuezo? En otras palabras, componer el descalabro que viene de tantos años en la Policí­a no es ningún moco de pava y no solo se trata de comprar armas sin licitación, porque urge dotarlos de ellas, sino de ir más adentro, hasta las raí­ces, del cúmulo de problemas que conlleva todo el sistema investigativo, judicial y penitenciario del paí­s.

Ya es hora pues de actuar con inteligencia (y no es broma), de armarnos del mejor equipo de profesionales expertos nacionales o extranjeros. No podemos seguir más tiempo trabajando empí­ricamente. No vemos por ninguna parte al grupo de técnicos, cientí­ficos y expertos investigando y tomando las medidas pertinentes para contrarrestar el actuar de la delincuencia, que a pesar de nuestro disgusto sigue ganando la guerra. ¿Hasta cuándo?