Uno de los aspectos vitales para el buen funcionamiento del sistema democrático, es que la población tenga la oportunidad de identificar las virtudes y carencias de los candidatos, sin embargo, la ley electoral vigente en este sentido deja mucho que desear, ya que carece de fuerza coercitiva para obligar a los candidatos a que den la cara y se presenten abiertamente ante la opinión pública para que ésta pueda conocerlos de mejor manera. Aprovechando esta falencia, es que los estrategas de campaña siempre recomiendan al candidato puntero en las encuestas, tratar de reducir su presencia a la menor cantidad posible de debates, ya que lo contrario representa exponerse a la descalificación y a los ataques, corriendo el riesgo de disminuir en la intención del voto, al mismo tiempo de subir el perfil del oponente. Cumpliendo con esta maniobra, recordamos en las elecciones pasadas, cómo los asesores de Berger, redujeron su participación con el principal contendiente a un solo debate y al último momento. Este se celebró en el Hotel Tikal Futura contra ílvaro Colom, por supuesto, aprovechando el desorden en ese evento llevaron también su «porra».
Las estrategias ortodoxas de campaña no siempre son concordantes con la ética y los verdaderos conceptos de la democracia, por eso es que en nuestro medio, un estratega tradicional jamás le hubiera recomendado a Colom un debate con Pérez Molina en estos momentos, eso funcionó con Berger al esconderlo, aunque desde el fiasco que tuvo López Obrador al ser atrapado por la ley de la gravedad como efecto a su renuencia a participar en los debates, los asesores de campaña han tenido que revisar mejor sus estrategias. Indudablemente el más beneficiado con este debate era Pérez Molina, esta era su mejor oportunidad para disminuir el margen que lo separa del puntero.
De cualquier manera el debate entre Colom y Pérez resulta un elemento muy valioso para los votantes, ya que nos deja una buena percepción de la personalidad y capacidad de ambos políticos. Pérez Molina inició el debate caracterizándose por una actitud enérgica e incisiva, pero desluce su presencia cuando las cámaras en varios momentos lo captan tenso y nervioso, esto especialmente cuando Colom le rebate hábilmente un señalamiento al final del programa. Este fue un paso en falso, y se dio por sus ansias en desbaratar al contendiente, sabía que era una oportunidad de oro, la mejor que hasta ahora había tenido para reducir la brecha.
Contrario a Pérez, Colom logró proyectar una imagen serena y segura, aunque en buena parte del evento conciliador en exceso, dio la impresión al inicio del debate de querer hasta congeniar con su oponente.
El discurso de Pérez a lo largo del debate se centró de manera vehemente en la importancia del carácter y la mano dura, pretendiendo de esta manera llevar al oponente a su redil y estigmatizarlo como débil. Mucho ánimo, pero muy repetitivo. Aparentemente ahí faltaron las ideas.
Quién ganó el debate se preguntará el lector, a mi juicio, en el plano académico lo ganó Colom, aunque Pérez sagazmente apeló a lo emotivo. Sin embargo, considero que el efecto de este encuentro político se podría calcular al considerar los porcentajes de los distintos niveles educativos de nuestra población, con esto quiero decir que, en algunos podría tener más efecto lo argumentativo, y en otros lo emotivo. Lo que sí es seguro es que Dionisio Gutiérrez le quedó debiendo a la población, los guatemaltecos esperábamos más preguntas de fondo, como por ejemplo. ¿Cuáles son las reformas del Estado que están planteando y como harán para conseguirlo, y si van a cambiar el sistema en qué son electos estos «padres de la patria»?