Lo importante se deja de lado, lo demás tiene prioridad


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Era tan grave la situación del gobierno cuando lo recibió el presidente Pérez Molina que bien pudo haber designado dos Gabinetes, uno para componer el desastre dejado por la pareja Colom Torres y otro, para echar para adelante todo lo que fuera desarrollo y progreso. La oportunidad para ambas situaciones se ha ido perdiendo, primero porque la experiencia que suponíamos tenían los nuevos funcionarios no ha aparecido por ninguna parte y segundo, porque sus asesores los han estado llevando por el camino equivocado, por los callejones de la politiquería, del populismo, de los negocios y de los bombos y platillos.

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


En diciembre del año pasado muchos se frotaban las manos, no por lo frío del ambiente sino porque aseguraban que las cosas iban a cambiar, se acabaría la oscuridad y luciría la transparencia; desaparecería la anarquía y resplandecería el imperio de la ley; no más impunidad, en su lugar se aplicaría la mano dura para combatir la corrupción; adiós a los juicios entrampados, porque en adelante la señora justicia dejaría la locomotora de vapor del pasado para subirse en el tren bala de la prontitud, eficacia y puntualidad. ¡Puros sueños de una noche de verano en plena época fría!

    Lástima que el General Pérez Molina no se sentó con los magistrados para conversar, sin inmiscuirse en asuntos propios del otro organismo, para apoyar la resolución de tantos casos que caminan con desesperante lentitud, como aquel mágico espectáculo del Congreso de la República al desaparecer Q82.8 millones, no que sigue saliendo la fotografía de su expresidente en pleno uso de su libertad, con cara de yo no fui, pero sin que aparezcan ni se castigue a sus responsables desde el mes de junio de 2008, es decir hace ya más de cuatro tristes y dolorosos años.

    Todo sigue igual en Guatemala, salvo que ahora es dueña de una presea olímpica, mientras que una pobre costurera por haberse enfermado de cáncer hace más de un año, se vio imposibilitada para seguir trabajando y por ello se quedó sin recursos para comprar las medicinas recetadas por su médico tratante, no digamos para pagarle al Contador sus honorarios, lo que provocó que ahora la SAT la amenace con su clásica mentalidad retrógrada y burocrática señalándola de incumplimiento de leyes fiscales. Seguimos en las mismas, con un Estado incapaz de castigar justa y enérgicamente a los políticos delincuentes, aunque existan más de cien pruebas que les incriminen por haber traspasado los fondos públicos para su beneficio.

    En otras palabras, lo importante se deja de lado, pues es más conveniente políticamente salir diciendo que se quiere despenalizar el narcotráfico; que se modifique la Constitución o que la Vicepresidenta se encargue de hacer efectiva la transparencia, sin haber llegado siquiera a cumplir con la promesa básica electoral de combatir eficazmente a la delincuencia. ¿Hasta cuándo mi General?