Lo dicho, aquí­ siempre sale barato


Será bueno que ahora, tras la decisión del señor Eduardo González de presentarse a los tribunales luego de estar prófugo durante muchí­simo tiempo, la Superintendencia de Bancos nos informara en detalle cuánto le costó al final de cuentas al paí­s cubrir con el FOPA los compromisos con los clientes del Banco del Café, porque así­ podemos empezar a llevar cuentas claras de la importancia que tienen las operaciones de rescate. Y eso sin contar con lo que perdieron los inversionistas de Bancafé International, que no gozaban de la protección del fondo.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

La ley dice que un factor importante para determinar peligro de fuga y si alguien tiene derecho a beneficiarse de una medida sustitutiva cuando recibe un auto de prisión es «el comportamiento del sindicado o imputado durante el procedimiento o en otro procedimiento anterior, en la medida que indique su voluntad de someterse a la persecución penal». En el caso de los socios de Bancafé, es evidente que su comportamiento durante el procedimiento no indica voluntad de someterse al procedimiento, puesto que permanecieron prófugos durante mucho tiempo, y se presentaron hasta que hubo un interesante arreglo que eliminó de las acusaciones el delito de lavado de dinero, mismo que hubiera hecho imposible la excarcelación bajo fianza.

Por supuesto que da pena ver las secuelas de un derrame en la persona del señor Eduardo González y que naturalmente uno sienta compasión por quien sufre ese tipo de males, pero yo por lo menos no puedo olvidar a la gente que ha visitado mi oficina llorando por la pérdida de sus ahorros y tampoco puedo dejar de pensar en esa cifra que del FOPA se tuvo que utilizar para cubrir el dinero que faltaba en las operaciones del Banco del Café.

Y es que si analizamos lo ocurrido con todos los casos en que se involucran socios de los bancos quebrados, veremos que de una u otra manera el Estado pagó por los malos manejos y los responsables se encuentran tranquilamente gozando del beneficio de sus operaciones bancarias. Tanto los que han ido «resolviendo su situación penal» como los prófugos, al final de cuentas todos saben que es un axioma que en Guatemala sale barato burlar la ley, no digamos la confianza de los clientes.

Los bancos gemelos fueron liquidados y el Estado pagó millonadas para cubrir sus obligaciones con los clientes. El banco Empresarial es otro ejemplo funesto de cómo se le pasa la factura al Estado de los manejos impropios y resulta que los socios no tienen ninguna pena porque no hay acción alguna en su contra. Y los del Banco del Café, que estuvieron prófugos durante casi dos años, empiezan a volver sabiendo que el asunto está legalmente arreglado, como lo demuestra el reacomodo de los cargos y la fianza impuesta. Y dentro de poco, no se sorprendan, los socios del Banco de Comercio empezarán a presentarse porque, al fin de cuentas, los antecedentes les respaldan. ¿Por qué los dueños de los Bancos Metropolitano, Promotor, Empresarial y del Café pueden vivir tranquilamente y no los del Banco de Comercio? La verdad es que apenas se trata de una cuestión de tiempo para que sus abogados también logren desvanecer cargos que les obligarí­an a ir a prisión.