Los dos partidos que ha tenido la selección nacional de fútbol en El Salvador en el marco de la Uncaf, son motivo suficiente para sentir decepción porque es penoso que frente a países como Nicaragua y Belice, que no tienen tradición futbolera, nuestros jugadores se vean tan mal. Una persona con quien frecuentemente discutimos sobre las características de nuestro pueblo me decía que si esos dos partidos no me demuestran que el problema es genético, que somos inferiores por esa falta de testosterona que parece ser tan propia del chapín.
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Yo estoy convencido que nuestro fútbol es reflejo del país y que, en uno y otro caso, el problema está en los dirigentes. Todos los países que avanzan y mejoran su capacidad competitiva en fútbol en el mundo lo hacen como resultado de bien desarrollados planes que arrancan en la formación de jugadores en semilleros que funcionan de acuerdo con programas integrales. No se puede esperar que un país tenga buenos jugadores si no los forma y lo que tenemos en Guatemala es un grupo de deportistas que explotan su habilidad natural y punto. Nadie les ha enseñado ni les ha explotado esas habilidades para hacer de ellos jugadores de primer nivel.
Igual que en el país, los dirigentes no apuestan nunca a programas de largo plazo sino prefieren el relumbrón de momento. Contratar a un tipo vanidoso como entrenador, pagando millonarias cantidades, es la apuesta de quienes se creen dirigentes, en vez de entender que si queremos algún día llegar a un mundial tenemos que hacer a los jugadores desde las ligas inferiores. Para un club deportivo, así mal llamados, es mejor gastar en traer jugadores extranjeros que invertir en canteras que dentro de unas cuantas décadas puedan nutrirlos de brillantes prospectos. Aquí todo lo queremos para hoy y nadie apuesta a la inversión de largo plazo.
Los dirigentes en el país no pueden invertir en largo plazo y por ello carecemos de políticas serias de educación, de salud, de saneamiento, de formación de civismo, puesto que se trata de cuestiones que no se ven y que no aseguran votos para la reelección propia o del partido. Si los millones que se han gastado en los Bolillos se hubieran gastado en crear escuelas de jugadores a nivel nacional, hoy tendríamos mejores elementos para echar mano. Es injusto culpar a los jugadores del fracaso cuando hacen lo que aprendieron a hacer que no fue mucho porque todo su esfuerzo es espontáneo y con muy escasa dirección. No hay país del mundo que pueda tener competidores de alto nivel sin escuelas de formación. Pues tampoco puede haber países que tengan posibilidades de desarrollo sin educación y nosotros estamos en pañales en eso porque se prefiere gastar el dinero en un aeropuerto que resulta obra visible para echar chile, que en tener niños bien formados y educados para competir en el mundo del futuro.
No creo en la superioridad de alguna raza por cuestión genética y por lo tanto repudio la idea de que somos vejigas por esa circunstancia. Creo que somos un país que no tiene la menor idea de lo que es la planificación y sobre todo luego de que los promotores de la teoría del mercado cuestionaron la planificación estatal, porque interfiere según ellos con la iniciativa privada, se abandonó todo vestigio de visión futurista que pudiera haber. Y viviendo el día a día, queremos resultados que, por supuesto, nunca llegarán porque el éxito no es producto de la casualidad.