Lo bueno, lo malo y lo feo (II)


Lo feo es que el Presidente de la República no sepa mantener el control de los miembros de su Gabinete, que permita que su secretario de Comunicación Social tenga actitudes de falta de respeto y educación a las jerarquí­as y a las personas que, independientemente de cada Gobierno, deben ser respetadas como es su Excelencia el Arzobispo de Guatemala, Rodolfo Cardenal Quezada Toruño y no reprenda y amoneste a Ronaldo Robles y a su vocero, Giuseppe Calvinisti por sus improcedentes comentarios y actitudes.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

Lo feo es enterarse que el actual ministro de Gobernación, Carlos Menocal, ante la interpelación realizada en el Congreso de la República, informa que su grado académico es de técnico en periodismo y argumente que tiene pensum cerrado en esa disciplina y estudios de criminologí­a ya que todo esto evidencia que al igual que otros antecesores no tiene la capacidad para desempeñarse en la cartera más delicada para la seguridad de todos los guatemaltecos, que maneja la policí­a, los presidios, Migración y demás dependencias de Gobernación nacional.

Lo feo es saber que se ha desvirtuado en el Congreso de la República el número y las atribuciones de las salas legislativas, confundiéndose la necesidad que cada uno de los diputados cuente con oficina, secretaria y algún otro personal de apoyo para desempeñar su gestión.

Lo feo y grave es que los guatemaltecos se enteren que la Comisión «del Menor y la Familia» está presidida por la diputada, hoy del Partido Patriota, Anabella de León, quien cuenta en su haber con varios matrimonios, varias uniones de hecho y varios antecedentes poco respetables con sus empleados y empleadas. Qué calidad moral tiene para presidir ésta comisión en particular.

Lo feo es que en Guatemala, como bien lo han señalado varios columnistas, no se quiera comprender que los principios son inmanentes, no pueden acomodarse, ni cambiarse, que lo moral debe estar respetado por lo legal, que la sociedad no puede justificar las injusticias, que nuestros criterios no pueden adecuarse a nuestras amistades, a nuestras afinidades, que en el momento en que no apoyemos el Estado de Derecho, la sana y adecuada aplicación de la justicia, el respeto a la ley estamos regresando a las cavernas y que si lo que se desea es el perdón de alguien que rompió la ley, el camino que procede es la amnistí­a pero en ningún caso puede, privada o públicamente, argumentarse a favor de lo inmoral.

En conclusión, ante las postrimerí­as de éste Gobierno que ya pronto entrará en su cuarto y último año de mandato y ante el ya inicio de las campañas polí­ticas para lograr ser electo como presidente, vicepresidente, diputados, alcaldes, sí­ndicos y concejales, tratemos que predomine lo bueno por el bien de nuestro paí­s, que se suprima en el mayor grado posible lo malo y que lo feo sea sustituido por hechos del dí­a a dí­a que hagan más adecuada nuestra sociedad, nuestra convivencia y nuestra existencia.

Todos podemos y debemos contribuir con entereza al bien general, nadie tiene porqué quedar excluido. Son los acuerdos sociales, hechos con entereza, buscando el bien común, el respeto al Estado de Derecho, la paz y convivencia social, la única alternativa que puede sacarnos adelante.

¡El territorio de Belice es parte de Guatemala!