Lo barato sale caro



Ahora que la Municipalidad de Guatemala ha inaugurado las operaciones de la primera fase del Transmetro, vale la pena señalar que la sabidurí­a popular no se equivoca y que lo barato sale caro. En efecto, para las siguientes etapas del sistema de transporte masivo que utiliza buses en ví­as exclusivas, habrá que ir pensando en la construcción de ví­as elevadas para no sacrificar la escasa oferta que hay de calles y avenidas en la ciudad de Guatemala, abarrotada por el transporte particular como resultado de la eterna ausencia de un servicio efectivo y seguro (en todo el sentido de la palabra) de transporte público.

El inicio de cualquier sistema nuevo de transporte genera problemas que son fácilmente identificados como de acomodo y ajuste, pero hay algunos que son estructurales y que pueden aliviarse un poco con el tiempo, pero no se resuelven. Los buses y el transporte pesado que circulaban por la Aguilar Batres antes de las operaciones del Transmetro no llegaban a ser un tercio de todo el tráfico vehicular, por lo que la supresión de uno de los tres carriles en cada uno de los sentidos tiene que tener como resultado una congestión mayor de la prevista por las autoridades y que será para siempre.

Obviamente el costo de fabricar una ví­a elevada es alto, aunque no llega a ser tan caro como construir túneles para un metro subterráneo, pero precisamente pensando en que lo barato sale caro, habrá que ir tomando en cuenta que hace falta ese tipo de inversión y que se requiere de una estrecha cooperación entre Municipalidad y Gobierno Central para enfrentar problemas que trascienden el área fí­sica del Municipio, como puede ser el del transporte colectivo.

Vemos con preocupación lo que puede significar para el paí­s algún problema que dificulte la circulación de vehí­culos en la calzada Aguilar Batres y no sólo nos preocupa que algunos puedan pensar en esa ví­a para hacer más sensibles sus protestas mediante acciones para tapar el tráfico, sino que el simple y cotidiano hecho de la falla mecánica de algunos vehí­culos que al detenerse por el recalentamiento que provoca la circulación a bají­simas velocidades, pueda provocar un colapso mayor a los que ya estamos sufriendo actualmente.

Ayer por la tarde, algunos lectores de La Hora nos señalaban que cuesta mucho tener paciencia cuando se encuentran atascados en esos gigantescos embotellamientos, ello en respuesta a nuestro editorial pidiendo crí­tica constructiva. Insistimos en que hay que hacer cualquier esfuerzo porque el Transmetro funcione, porque un fracaso serí­a devastador para el futuro del tránsito en la ciudad, pero entendemos que el malestar de la población, tanto usuarios del sistema como de los automovilistas, está adquiriendo proporciones que obligan a ser creativos e ingeniosos para solventar cuanto antes los problemas de ajuste que se ven en el inicio del sistema.