A nivel mundial las nuevas formas de producción y el consumo están provocando una gran devastación ambiental, la extinción masiva de especies y, por supuesto, el agotamiento de los recursos, y Guatemala no escapa a esta realidad, por ello es que en la actualidad un invierno provoca grandes estragos a los que se les llama desastres naturales, pero son eso, nada más: inviernos normales.
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La saturación de los ríos provoca desbordamientos, que posteriormente se convierte en muerte y destrucción. A la fecha no se ha reportado la pérdida de vidas humanas, pero sí de bienes, animales domésticos y cultivos provocando que cientos de familia se queden en la calle y empobreciendo cada día más.
Las comunidades están siendo destruidas, las carreteras presentan deterioros inimaginables, las calles de las ciudades con tremendos agujeros y la incertidumbre de familias que, en este momento, están a punto de perder sus casas.
Decenas de personas, por necesidad, ocupan espacios peligrosos para vivir, y se han sobrecargado los sistemas sociales y ecológicos.
Es desalentador el anuncio de que los meses de septiembre y octubre serán copiosos, no solo para los miles de guatemaltecos en peligro sino para la población en general. Y mientras se prevé el desbordamiento de ríos, deslaves por la saturación de agua en el suelo y destrucción de más infraestructura se pone de manifiesto, una vez más, que las entidades encargadas de velar por la reducción de desastres y preservación de bosques y vida silvestre no realizan acciones que eviten «que los inviernos normales, sean desastrosos».
Los retos de las instituciones son grandes, pero también debe implicar que el Estado y la sociedad asuman la decisión de preservar el ambiente, pues de lo contrario el deterioro y la desdicha aumentará cada año. Es urgente asumir cambios sustanciales para preservar nuestros recursos naturales, poniendo más atención a las talas inmoderadas, los desvíos de ríos, el mantenimiento adecuado de la infraestructura y, por sobre todo, no permitir que se habiten lugares de riesgo.
Por supuesto que es una tarea demasiado grande para un país que, como Guatemala, ha dejado por un lado la Educación Ambiental y menospreciado el respeto a la tierra, que gradualmente se deteriora.
Ya basta de planes y proyectos, de campañas mediáticas desperdiciadas, de leyes incumplidas y entidades inoperantes. Es el momento de actuar a favor de la naturaleza y, por consiguiente, en beneficio de las futuras generaciones de guatemaltecos.
* Poetisa olvidada.-Es una gran escritora, reconocida a nivel latinoamericano por su talento, premiada y ovacionada por sus trabajos poéticos, pero se la pasa vendiendo fotocopias de su trabajo y lapiceros en el Centro Histórico. Además, ha sido considerada como una de las primeras mujeres que reivindicó a su género. Si, se trata de Isabel de los íngeles Ruano, quien para muchos guatemaltecos solamente es una mujer vestida de hombre que deambula por la Sexta y el Centro Cívico. ¿Hasta cuándo ONG y Estado le darán el lugar de honor que le corresponde?
* ¡Otra vez Empagua! La Empresa Municipal de Agua está realizando cobros exagerados, otra vez. Ya en junio envió recibos sobre cargados. Ahora resulta que están cobrando hasta el 500%. Nadie hace nada por detener este abuso que está afectado a miles de citadinos.
* Bailadera en el parque.- Los días miércoles, a partir de las tres de la tarde, se arma la parranda en el Parque Centenario. Decenas de ancianos se ponen a bailar. Cuentan que varios sesenteros y setenteras hasta se han vuelto pareja, luego de bailar Lágrimas de Thelma. Ahí no solo se divierten, sino que tienen la oportunidad de encontrar a su media naranja no importando la edad.