Llueve sobre mojado


A nivel mundial las nuevas formas de producción y el consumo están provocando una gran devastación ambiental, la extinción masiva de especies y, por supuesto, el agotamiento de los recursos, y Guatemala no escapa a esta realidad, por ello es que en la actualidad un invierno provoca grandes estragos a los que se les llama desastres naturales, pero son eso, nada más: inviernos normales.

Edwin Marroquí­n Navas
enavas1313@yahoo.com

La saturación de los rí­os provoca desbordamientos, que posteriormente se convierte en muerte y destrucción. A la fecha no se ha reportado la pérdida de vidas humanas, pero sí­ de bienes, animales domésticos y cultivos provocando que cientos de familia se queden en la calle y empobreciendo cada dí­a más.

Las comunidades están siendo destruidas, las carreteras presentan deterioros inimaginables, las calles de las ciudades con tremendos agujeros y la incertidumbre de familias que, en este momento, están a punto de perder sus casas.

Decenas de personas, por necesidad, ocupan espacios peligrosos para vivir, y se han sobrecargado los sistemas sociales y ecológicos.

Es desalentador el anuncio de que los meses de septiembre y octubre serán copiosos, no solo para los miles de guatemaltecos en peligro sino para la población en general. Y mientras se prevé el desbordamiento de rí­os, deslaves por la saturación de agua en el suelo y destrucción de más infraestructura se pone de manifiesto, una vez más, que las entidades encargadas de velar por la reducción de desastres y preservación de bosques y vida silvestre no realizan acciones que eviten «que los inviernos normales, sean desastrosos».

Los retos de las instituciones son grandes, pero también debe implicar que el Estado y la sociedad asuman la decisión de preservar el ambiente, pues de lo contrario el deterioro y la desdicha aumentará cada año. Es urgente asumir cambios sustanciales para preservar nuestros recursos naturales, poniendo más atención a las talas inmoderadas, los desví­os de rí­os, el mantenimiento adecuado de la infraestructura y, por sobre todo, no permitir que se habiten lugares de riesgo.

Por supuesto que es una tarea demasiado grande para un paí­s que, como Guatemala, ha dejado por un lado la Educación Ambiental y menospreciado el respeto a la tierra, que gradualmente se deteriora.

Ya basta de planes y proyectos, de campañas mediáticas desperdiciadas, de leyes incumplidas y entidades inoperantes. Es el momento de actuar a favor de la naturaleza y, por consiguiente, en beneficio de las futuras generaciones de guatemaltecos.

* Poetisa olvidada.-Es una gran escritora, reconocida a nivel latinoamericano por su talento, premiada y ovacionada por sus trabajos poéticos, pero se la pasa vendiendo fotocopias de su trabajo y lapiceros en el Centro Histórico. Además, ha sido considerada como una de las primeras mujeres que reivindicó a su género. Si, se trata de Isabel de los íngeles Ruano, quien para muchos guatemaltecos solamente es una mujer vestida de hombre que deambula por la Sexta y el Centro Cí­vico. ¿Hasta cuándo ONG y Estado le darán el lugar de honor que le corresponde?

* ¡Otra vez Empagua! La Empresa Municipal de Agua está realizando cobros exagerados, otra vez. Ya en junio envió recibos sobre cargados. Ahora resulta que están cobrando hasta el 500%. Nadie hace nada por detener este abuso que está afectado a miles de citadinos.

* Bailadera en el parque.- Los dí­as miércoles, a partir de las tres de la tarde, se arma la parranda en el Parque Centenario. Decenas de ancianos se ponen a bailar. Cuentan que varios sesenteros y setenteras hasta se han vuelto pareja, luego de bailar Lágrimas de Thelma. Ahí­ no solo se divierten, sino que tienen la oportunidad de encontrar a su media naranja no importando la edad.