Lleno de orgullo, como si fuera uno de mis hijos


Debe haber sido a finales de los años ochenta cuando entraron al Colegio El Roble dos patojos que inmediatamente hicieron amistad con mis hijos Juan Fernando y Pedro Pablo. Diego y Antonio Aycinena Abascal, respectivamente, iniciaron una relación tan estrecha y especial que prácticamente han crecido tratándose más como si fueran hermanos que como si simplemente fueran amigos, compartiendo alegrí­as, ilusiones, tristezas, dolores y, sobre todo, esos enormes sueños de trascender en la vida.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

La presencia de los Aycinena en nuestra casa durante todos esos años de colegio era prácticamente cotidiana puesto que viviendo en la misma colonia ya sabí­amos que o los Marroquí­n estaban en su casa o ellos llegaban a la nuestra. Creo que pocas personas han llegado a conocer tanto de la intimidad de nuestro hogar como estos dos patojos unidos a mis hijos pequeños por los estudios, por un nutrido grupo de amigos que son ejemplo en muchos sentidos, por el deporte en el que han destacado y por compartir valores que les dignifican.

Hoy Juan Fernando me mandó un correo electrónico sobre la noticia del último logro académico de Diego Aycinena Abascal, quien se graduó de economista en la Universidad Francisco Marroquí­n en el año 2001 y este año obtuvo nada menos que un doctorado en la Universidad George Mason de Washington. Tras obtener su licenciatura, Diego decidió continuar con sus estudios obteniendo una maestrí­a y luego inició su doctorado; para graduarse realizó un importante trabajo de tesis que constituye un trabajo experimental sobre los mercados de energí­a y sus reservas, debido a la importancia que tiene el tema de la energí­a eléctrica.

Dentro de su preparación para obtener el importante PhD, Diego tuvo la suerte de trabajar estrechamente, aprendiendo mucho, con Vernon L. Smith, Premio Nobel de Economí­a, y reconocidos economistas de prestigio mundial como Tyler Cowen, Robin Hanson y Bryan Caplan, entre otros.

Su mamá, Emy Abascal viuda de Aycinena, debe estar que no cabe de orgullo de ver el logro de Diego, aunque me imagino que ligeramente preocupada de que ese éxito profesional pueda apartarlo de su vida en Guatemala, como pasa muchas veces con algunos de nuestros profesionales que destacan en el extranjero y que se involucran en el campo de la investigación para el que resulta tan poco propicio nuestro ambiente. Si yo siento un orgullo enorme al poder escribir de los logros de este patojo al que vi crecer en todo el sentido de la palabra, porque noté su crecimiento fí­sico, pero también el intelectual y espiritual, me puedo imaginar lo que sienten sus tí­os, hermanos y la muy amplia parentela que siempre les ha prodigado tanto cariño.

Uno quisiera que este tipo de profesionales tan bien preparados, que han tenido la oportunidad de aprender al lado de los mejores profesores del mundo, puedan aportarle mucho a Guatemala. Sin embargo, por experiencia muy cercana he visto que hasta ayudar cuesta porque vivimos en un medio demasiado aldeano en el que las envidias siguen siendo valladar para que nos podamos enriquecer con las experiencias y aprendizajes de otros.

De todos modos, viviendo aquí­ o afuera, Diego mantendrá siempre sus principios que incluyen ese amor por esta tierra y siempre hará lo que pueda por aportarle a Guatemala. Un abrazo a esta personalidad joven del paí­s que yo siento como si fuera uno de mis seis hijos.