Un equipo de observadores árabes partió hoy rumbo a Siria y la vecina Turquía condenó al presidente Bashar Assad por transformar el país en un «baño de sangre» después que el régimen mató a más de 200 personas esta semana solamente, lo que le granjeó una condena internacional y elevó de forma espectacular el número de muertos en 9 meses de levantamiento.
Los activistas dijeron que el gobierno sirio al parecer intenta controlar la situación por todos los medios antes de que lleguen los observadores de la Liga írabe conforme a un plan pactado con el régimen para solucionar la crisis.
«Intentan ganar tiempo, una hora tras otra, con la esperanza de obtener la ventaja en el terreno», dijo un activista en la aldea norteña de Kfar Owaid, cerca de la frontera turca, donde más de 100 personas fueron muertas el martes.
Kfar Owaid forma parte de la agreste región montañosa de Jabal al-Zawiyah, escenario de enfrentamientos entre la tropa gubernamental y los desertores armados, así como de semanas de protestas antigubernamentales. El activista dijo que la tropa del régimen controla ahora la totalidad de la región.
«Miles de soldados y fuerzas especiales han sido emplazadas, hay tanques y puestos de control cada pocos metros, y francotiradores por todas partes», dijo el activista hoy en una llamada telefónica.
Agregó que huía y habló a condición de guardar el anonimato, por temor a su seguridad. «Â¿Se atiene esto al plan de paz árabe? ¿O la Liga írabe conspira también con el régimen sirio contra nosotros?», se preguntó.
El gobierno sirio no comentó las muertes en Kfar Oweid y otras y otras áreas en los últimos días, pero la agencia noticiosa estatal SANA dijo el jueves que decenas de «terroristas» fueron muertos o detenidos en el norte del país y en la provincia meridional de Daraa durante los combates y allanamientos.