Llegar a viejo



Una de las denuncias más reiteradas que recibimos en La Hora es la de personas de la llamada tercera edad, quienes se quejan por el trato que reciben de los pilotos del transporte público desde que se aprobó la norma para permitirles viajar sin pago. Un viejo solitario parado en una esquina ve pasar los buses sin que ninguno se detenga porque los pilotos no quieren llevar pasajeros que no les entreguen a ellos el dinero correspondiente al valor del pasaje y cuando entran junto a otros usuarios, son tratados no sólo con desprecio a su dignidad, sino de forma tal que se pone en riesgo su integridad fí­sica.

Antaño los usuarios podí­an reportar las unidades en las que se cometí­an los abusos, pero actualmente se han eliminado los números de serie y por lo tanto sólo los que tienen vista de águila puede anotar el número de placa y hacer el reporte respectivo, mismo que de todos modos tiene poco peso porque es un hecho que la Municipalidad en general y Emetra en particular, se hacen de la vista gorda de los abusos que cometen los pilotos del servicio de transporte colectivo.

Generalmente ocurre que los ancianos, por su dificultad para movilizarse, son los últimos en abordar los buses cuando hay mucha gente y ya sabemos que la cortesí­a es un valor abandonado en nuestro medio y por lo tanto rara vez alguien se digna cederle el paso a las personas mayores que, al quedar de último, tienen literalmente que colgarse del pescante para evitar que los pilotos abusivos les arrastren porque generalmente aceleran antes de que suban completamente a las unidades.

Uno pensarí­a que todos tenemos el ideal de llegar a viejos, pero la verdad es que el irrespeto a las personas de la tercera edad es patético, sobre todo en el tema del transporte. Se supone que el valor del pasaje está cubierto por el subsidio, pero como los dueños de los buses los entregan a los pilotos para que éstos se hagan su sueldo con los ingresos del dí­a, a esas personas les revienta tener que llevar de gratis, según ellos, a tanto viejo y por lo tanto les hacen la vida imposible.

La Municipalidad de Guatemala, rectora del transporte urbano de pasajeros y tan celosa de su autonomí­a, tendrá que ser más eficiente en el control de esos abusos para sancionar a los pilotos que los cometen en contra de personas mayores que sufren diariamente lo indecible para movilizarse. Y una sociedad incapaz de velar por sus ancianos está condenada a sufrir mucho porque pocas muestras de ingratitud y de bajeza hay como la que se muestra con esos desprecios a personas que simplemente por su edad merecen atenciones y respeto, no digamos cariño. Exigimos que la Municipalidad adopte polí­ticas para protección eficaz de los ancianos en el transporte público.