Una familia llora en el patio de una casa situada al final de un laberinto de callejuelas de Jabaliya (franja de Gaza) la muerte de tres hijas y una sobrina del médico Ezzedin Abu Eich, aunque el desconsuelo no le impide seguir implorando paz.
Desde hace dos días, los parientes se acercan a la vivienda para dar su pésame. Van desfilando decenas de personas que saludan al hermano del médico, Atta, para luego sentarse en sillas de plástico verdes y beber una taza de café amargo.
El sábado, pocas horas antes de que el ejército israelí anunciara un alto el fuego para poner fin a tres semanas de una ofensiva sin precedentes en Gaza, un obús impactó en la casa de los Abu Eich.
Aterrizó en la habitación de los hijos del ginecólogo, que goza de gran prestigio en Israel, y mató a tres de sus hijas y a su sobrina.
Quand Bissam, de 20 años, Mayar, de 14, y Aya, de 13, perdieran la vida en el ataque. Sin perder un minuto su padre llamó por teléfono al presentador de Channel 10, una cadena privada israelí, al que conoce personalmente.
El periodista contestó a la llamada a su teléfono móvil pese a estar en directo.
El médico, que trabaja desde 1992 en el hospital Tel Hashomer, cerca de Tel Aviv, dio rienda suelta a su dolor en pleno telediario, conmoviendo a los telespectadores israelíes.
«Son niñas, nada más que niñas. Las bombardean. ¿Por qué las mataron? Quiero saber, es lo que podría calmarme. ¿Quién dio la orden de disparar?», clamó.
Tres días después el dolor sigue siendo inaguantable.
«Mis hijas murieron. No tengo palabras», declaró por teléfono, con la voz ahogada por el dolor y el cansancio acumulado tras varias noches en vela.
«Â¿Por qué lo hicieron? Somos gente respetable. No odiamos a nadie. Que las voces de la paz en el mundo se hagan oír para detener esta locura», implora.
En Jabaliya, Atta cuenta cómo ocurrió el drama. «Tras el inicio de la ofensiva nos quedamos en casa varios días. Había 25 personas, mis hermanos y sus familias en todas las plantas», explica.
«La víspera del incidente, los tanques llegaron hasta nuestra puerta».
El sábado, sobre las 17H15, -asegura- un primer obús alcanzó la casa e «hizo añicos las ventanas y las puertas». Chaza, de 17 años, una de las hijas del médico, resultó herida de gravedad. «Me la llevé corriendo a la carretera de Salaheddin en busca de una ambulancia pero todo estaba vacío», añade con un nudo en la garganta.
«Me vi obligado a regresar cuando otro obús impactó en la habitación de las niñas. Subí. Yacían sobre el suelo ensangrentado. Mi hija Ghayda estaba herida grave. No tiene más que 12 años».
La familia asegura que no había miembros de Hamas en el interior de la casa cuando el ejército disparó el obús. Un portavoz israelí afirmó que carecía de información al respecto pero había abierto una investigación.
«No se ha disparado ningún cohete desde cerca de nuestra casa. Es demasiado peligroso, demasiado a descubierto, no hay ningún lugar donde esconderse alrededor de ella», insiste Atta.
«Dispararon a ciegas sin pensar en los civiles. Lo que hicieron en Gaza es una matanza», acusa el hombre, al que le cuesta responder sobre si está resentido con el movimiento islamista palestino Hamas.
«Es difícil responder a esta pregunta. Pero le digo a Hamas, digo a Ismail Haniyeh (primer ministro islamista de Gaza): Queremos vivir como la gente normal «.
A pesar de su pena, es tolerante: «Tenemos que vivir en paz. Espero que sean los últimos niños que mueren».
En la callejuela de delante de su casa, cuatro niños juegan a las canicas a carcajadas. Uno de ellos, de unos diez años, da saltos repitiendo un lema de Hamas: «No reconoceremos a Israel».