Llamados a la calma


Golpe de Estado y llamados a la calma: las FFAA de Guinea divididas.


El golpe de Estado anunciado hoy en Guinea por un capitán y el llamado a la calma efectuado por el jefe de Estado Mayor junto al primer ministro mostraron la división de las fuerzas armadas, tras la muerte del presidente militar Lanzana Conté, que gobernaba el paí­s desde 1984.

La muerte de Conté, quien gobernaba este paí­s del ífrica occidental desde 1984, fue anunciada la madrugada de hoy por las máximas autoridades civiles y militares, entre ellas el general jefe de Estado Mayor, Diarra Camara, el primer ministro Ahmed Tidiane Souaré y el presidente de la Asamblea Nacional, Aboubacar Somparé.

Por la mañana, el capitán Musa Dadis Camara, anunció la suspensión de la Constitución y de «toda actividad polí­tica y sindical». «El gobierno y las instituciones republicanas han sido disueltos», agregó.

Pero el primer ministro Souaré afirmó poco después que el gobierno «no fue disuelto» y pidió «la comprensión y la compasión de todos los guineanos, principalmente de los militares».

Aboubacar Somparé sostuvo por su lado que una «minorí­a de soldados y oficiales» llevó a cabo el intento de golpe de Estado, pero que «la gran mayorí­a sigue siendo leal», en una entrevista otorgada al canal francés France 24.

Según militares leales, los golpistas no consiguieron nombrar un jefe de consenso.

«Hay una división real en el seno del ejército», dijo a la AFP Alioune Tine, responsable de la organización «Encuentro Africano por la Defensa de los Derechos Humanos» (Raddho), con sede en Dakar.

«Hay una polarización étnica muy fuerte, una deconstrucción de la jerarquí­a propiciada por Lanana Conté», agregó Tine, que acaba de regresar de una misión en Guinea.

«Los generales no tienen mando real sobre la tropa. Un golpe de Estado puede salir de cualquier parte, menos de la jerarquí­a militar, pues los generales participaban en el sistema de Lansana Conté», agregó.

El capitán Camara era hasta ahora jefe de la sección «carburante» en el ejército.

A fines de mayo, un amotinamiento de soldados en reclamo de pagos atrasados mostró el malestar en la tropa, que acusa a sus jefes de «enriquecerse» mientras las condiciones de vida de los reclutas se degradan.

Esa rebelión, que dejó 3 muertos y decenas de heridos, sacudió a un ejército que cuenta de 12.000 a 17.000 efectivos y que fue el pilar del régimen del general Conté.

El propio Conté habí­a llegado al poder con un golpe de Estado el 3 de abril de 1984, una semana después de la muerte del patriarca Ahmed Sekou Touré, gobernante de esta ex colonia francesa desde su independencia en 1958.

Muchos soldados vieron además con malos ojos los reclutamientos de 2005 a 2007, por considerar que «privilegiaban» el ingreso a los cuarteles de hombres «de la etnia susú», a la cual pertenecí­a Conté.

Muchos jefes de todas las armas pertenecen a esa etnia.

Un informe de la ONG International Crisis Group afirmaba en junio que «muchos guineanos, incluso polí­ticos, cuentan con la posibilidad de un «buen» golpe de Estado militar, que derroque al viejo general y abra la ví­a a una transición democrática patrocinada por oficiales benévolos y progresistas».

Pero «el escenario de un golpe militar liberador es peligroso y tendrí­a pocas posibilidades de emprender un proceso democrático de ruptura con sistema Conté», prevení­a la ONG.

La entidad señalaba además que «una partida descontrolada del presidente significarí­a a corto plazo un riesgo real de caos, estallidos de violencia y divisiones étnicas».

«El golpe de Estado estaba prácticamente anunciado, y la comunidad internacional tendrí­a que haber estado presente para impedirlo», afirmó el responsable de Raddho.