Littí­n y el relevo latinoamericano


Miguel Littí­n (D), cineasta chileno.

El chileno Littí­n celebra un «relevo brillante» en cine latinoamericano.


El veterano realizador chileno Miguel Littí­n, quien recibe este martes el Coral de Honor en la apertura del Festival de La Habana, aseguró que su generación de cineastas tiene un «relevo brillante» en América Latina, en entrevista con la AFP.

«Hay un relevo brillante, dirí­a yo, mujeres y hombres jóvenes que están haciendo grandes filmes, tanto documentales, en ficción y en otros géneros», dice Littí­n, de 66 años, cuya corta barba blanca resalta bajo la gorra negra.

Hombre de izquierda que colaboró con el extinto presidente Salvador Allende en el Gobierno de la Unidad Popular (1971-73), Littí­n admite que en los más 30 años de Nuevo Cine Latinoamericano «el arco se ha ampliado enormemente y la variedad de opiniones, de puntos de vista, de estética y poética es mucho más rico hoy dí­a».

Littí­n, cuyas primeras pelí­culas fueron «Por tierra ajena» (1965) y «El Chacal de Nahueltoro» (1969), recibirá este martes el Coral de Honor del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano por la obra de toda su vida, junto a Nelson Pereira Dos Santos (Brasil), Jorge Sanjinés (Bolivia) y Paul Leduc (México).

Eso «me llena de orgullo, en realidad, porque este Festival que amamos tanto y que tiene tanto significado, tanta importancia para la cultura cinematográfica de América Latina y del mundo, pues que me premien junto a tan distinguidos directores y amigos, sin duda que me da una gran satisfacción».

En 1973, tras el derrocamiento de Allende por el general Augusto Pinochet, Littí­n salió al exilio para vivir en México y luego en España, sin detener su obra, que hasta la fecha suma alrededor de 20 pelí­culas.

Pero en 1985 volvió clandestinamente a su paí­s para filmar «Acta general de Chile» (1986).

De regreso a España, el nobel colombiano Gabriel Garcí­a Márquez le propuso escribir la historia de su pelí­cula, publicada como «Las aventuras de Miguel Littí­n clandestino en Chile», de gran éxito editorial.

Interrogado sobre la industria cinematográfica en la región y el apoyo oficial, Littí­n opina que «Argentina, Brasil o México son un caso de un liderazgo indiscutible desde el punto de vista industrial».

Sin embargo, añade, «en los demás paí­ses que no tiene tanto apoyo la industria, sí­ ha surgido con mucha fuerza el talento y la calidad de las obras y la voluntad de la gente por hacer cine».

«Por lo tanto, se multiplican las coproducciones, los encuentros, debates… y esto hace pensar que tendremos un futuro mucho mejor, cuando al talento, la capacidad, la voluntad creadora de la gente, se sumen también los paí­ses y se pueda hacer una industria latinoamericana», añade el realizador.

El cine chileno «es un caso más en una América Latina que quiere imponer su imagen, el rostro de su gente en las pantallas, su historia, y vivimos hoy dí­a un proceso muy distinto al que era hace años atrás, el inicio de la profundización de una democracia todaví­a incipiente», señala.

«Tenemos grandes desafí­os, pero hay que entender al cine chileno como parte integrante del gran movimiento latinoamericano», concluye.

«Eso me llena de orgullo, en realidad, porque este Festival que amamos tanto y que tiene tanto significado, tanta importancia para la cultura cinematográfica de América Latina y del mundo, pues que me premien junto a tan distinguidos directores y amigos, sin duda que me da una gran satisfacción».

Miguel Littí­n

cineasta chileno