Linchamientos: una voz desesperada


Independientemente de que como seres humanos condenemos enérgicamente esta inclemente e ingrata proliferación de linchamientos, debemos ir mas allá y adentrarnos en el mensaje que estos actos deleznables nos están enviando a todos, en especial a quienes ostentan el poder y aun con mayor incidencia al Sector Justicia, integrado especialmente por las Fuerzas de Seguridad, el Ministerio Público y el Organismo Judicial.

Héctor Luna Troccoli

Tenemos ya a bandas criminales que nacen, crecen y mueren para el crimen y me refiero a mareros que en su gran mayorí­a son los asesinos de pilotos y comerciantes, los narcotraficantes que matan a rivales del «negocio» o elementos que los combaten o bien los que desean ampliar su territorio, los sicarios que por algunos quetzales matan a cualquiera, y los poderes ocultos y paralelos que están dentro del Estado como «funcionarios o empleados» y tantos otros que extorsionan, violan, corrompen, etcétera.

 A esto que forma parte de la degradación moral y polí­tica del Estado y parte de nuestra vida diaria, debe agregarse pues, el hecho de que turbas enardecidas de gente que cotidianamente convive «pací­ficamente» en nuestros pueblos, de un momento a otro se convierten en asesinos despiadados que con saña inaudita dan muerte a otro u otros por tener indicios o sospechas de que son delincuentes. Esto lleva un mensaje muy claro y muy fuerte que debe atenderse de inmediato.

 

No con el mensaje estúpido de que pretenden «desestabilizar», ni menos con las frases cajoneras de repudio con las que demostramos nuestro rechazo.

 Hay mucho más. Los linchamientos son un mensaje claro del desaliento, la desconfianza y la desesperanza de la población para tener lo que se dice siempre, «una justicia pronta y cumplida». No se confí­a en la Policí­a, ni los fiscales, ni los jueces por las huellas nefastas que han dejado en nuestra historia, junto a la mafia polí­tica que los protege e impulsa.

 La Educación, que debí­a servir para dar buenos   ejemplos y al mismo tiempo de guí­a, está manipulada por dirigentes corruptos e innobles, delincuentes disfrazados que no educan para prevenir el delito, para inculcar moral, sino para mostrar el rostro de la desvergí¼enza y la inmoralidad. ¿No es así­, Joviel y compañeros?…

 Los habitantes ven únicamente rastros y rostros de impunidad en su entorno, entonces ¿por qué no pueden tenerla una turba de miles de gentes que están seguras que los delincuentes no serán capturados, que no se aportarán pruebas para mantenerlos en prisión, que los jueces los dejarán libres y, finalmente, que desde la propia cárcel seguirán una vida fácil y cometiendo impunemente los mismos delitos porque afuera hay miles a su servicio, empezando por el sistema que nos agobia?

 Sí­, condenamos estos linchamientos, pero no hay uno solo de los entes encargados de evitarlos que entiendan el mensaje que se está enviando: que necesitamos cambiar para encontrar de nuevo nuestros valores, que no están en ese artificio de supuestos programas sociales que fueron creados para robar.

 Además recuerde, presidente Colom, que dentro de la población en general hay insatisfacción,  rencor,  odio,  divisionismo,  inconformidad,  desilusión, no solo hacia su gobierno, sino hacia otros estratos sociales y estamentos de poder como el Congreso, el OJ, el MP, los diputados, los dirigentes y partidos polí­ticos, empresarios, etcétera. No existe un rumbo correcto, no hay una reingenierí­a total del Estado, clicas familiares destruyen y minan cada vez más la estructura de las instituciones, fuera de que hay dirigentes prestos a dar un zarpazo artero. Remember Honduras…