“Lighthouse school”


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Este artículo es una traducción libre de lo escrito por Joane Yatvin, una educadora de amplia experiencia y expresidenta del Consejo Nacional de Profesores de Inglés. Enseña ahora, medio tiempo, en la Universidad Estatal de Portland y escribe un libro acerca de la buena enseñanza en escuelas pobres.

Raymond J. Wennier

 


En 1986 ella escribió este comentario sobre la revisión del libro “Mc Donogh 15: Becoming a School” de Lucianne Bond Carmichael.” Mc Donogh 15 funcionó en un edificio abandonado, donado, en el “French Quarter” de Nueva Orleans y en 1970 Carmichael fue su Directora y donde, a pesar de todas las limitaciones que tuvo, logró un ambiente saludable en el que hoy día, los niños llegan deseosos de aprender y en el que los maestros y los padres de familia son bienvenidos. Releyendo su propio escrito, Yatvin refuerza y expande su idea de lo que es una buena escuela y de las cosas específicas que en ella deben hacerse para empoderar a los estudiantes y fortalecer a los maestros. Nos presenta una de las acciones de su artículo original y es la definición de lo que es una buena escuela, basada en sus propias experiencias y en las de Carmichael. A continuación cito a Yatvin.

“Para ayudarles a entender lo que yo he aprendido de Mc Donogh 15, describiré una buena escuela tal como la conozco y la compraré a lo que es ideal hoy día y popularmente llamada escuela efectiva. Déjenme iniciar con una definición general de una buena escuela y proceder con más detalles descriptivos de ambos tipos de escuelas. Defino: Una buena escuela es un lugar donde los niños aprenden suficientes cosas que valen la pena, suficientes para tener un fuerte inicio en su vida, donde hay un cimiento base que apoya el aprendizaje posterior y donde los niños desarrollan el deseo de aprender más. Específicamente una buena escuela refleja las realidades de la vida de una manera ordenada dentro de la sociedad de adultos, es racional y segura, un campo fértil para ejercitar, practicar las cosas que la gente hace en el mundo externo. La escuela crea un sentido de comunidad que permite una expresión personal dentro de un marco de referencia de una responsabilidad social. Enfoca el aprendizaje que crece con el uso, con o sin más escolaridad, como las habilidades de comunicación, toma de decisiones, artes y artesanías e interacción grupal. La escuela hace que los niños piensen de ellos mismos, como gente que encuentra fuerza, alimento y alegría en el aprendizaje.

En contraste, la escuela efectiva, mira al aprendizaje en términos de calificaciones de exámenes en un número limitado de áreas académicas. No considera las habilidades para resolver problemas, las habilidades sociales, más aún, las habilidades académicas complejas. No diferencia entre los conocimientos dinámicos y los inertes; ignora la motivación. Cuando escuchamos de una escuela donde las calificaciones de exámenes están en el rango percentil de 90 ¿no deberíamos preguntarnos qué es lo que la escuela hace para preparar a los alumnos a vivir los próximos sesenta años de su vida?

Una buena escuela tiene un currículo amplio y realista, con un contenido escogido no sólo por su relevancia para la educación superior o el trabajo, sino también para ser miembro de la familia y la comunidad y para el enriquecimiento personal. Usa la pedagogía de enseñanza que simula la forma en la que la gente vive en el mundo fuera de la escuela. Los niños participan activamente en tareas productivas que combinan y extienden sus habilidades. Ellos inician proyectos, hacen sus propias decisiones, gozan utilizando sus habilidades, demuestran sus logros y buscan contenidos cuya ejecución sea estimulante y retadora. La escuela efectiva pide mucho menos. Niños que cubran el contenido del currículo tradicional para aprender lo más posible del mismo; sin iniciativa ni afán de búsqueda, ni son constructores de su propia educación. Ellos, en el mejor de los casos, simplemente reaccionan. Los conocimientos que ellos disciplinadamente amasan, no son necesariamente amplios ni utilizables. El contenido es enseñado porque probablemente va a estar en el examen. Es rápida y fácilmente olvidado.

Cualquier escuela puede convertirse en una buena escuela cuando sus maestros han hecho las conexiones a la vida en el mundo externo del que he estado hablando. Opera como una entidad orgánica, no una máquina, moviéndose siempre para expandir su naturaleza básica y no para añadir apéndices artificiales. Una buena escuela es como un árbol saludable. Conforme crece entierra profundamente sus raíces en su suelo nativo: Se adapta al clima y a la vegetación que lo rodean; sus ramas se engrosan para fortalecerlo y se extienden para alcanzar una máxima exposición al sol; produce su propio alimento; sana sus propias heridas y cuando es su tiempo, hace crecer nuevas hojas, flores y fruto.

Escribí lo anterior, mucho antes de que llegara el tiempo de nuestra obsesión nacional sobre exámenes con calificaciones numéricas y su poder para determinar la suerte de niños y maestros y por eso es mucho menos duro de lo que sería si lo hubiera escrito en estos días. Tampoco el escrito identifica la importancia que el control local tuvo en el éxito de Mc Donogh 15. Es un hecho que el mensaje central del libro de Carmichael es que Mc Donogh 15 empezó a mejorar únicamente después de que se liberó de la ayuda y control externo y encontró la fuerza en sus propios maestros, estudiantes y comunidad para enseñar y aprender auténticamente. Este es el mensaje que me gustaría dar a los críticos y reformistas de las escuelas hoy día. Es también una llamada de clarín para todos los directores, maestros, estudiantes y padres de familia que quieren recrear una buena escuela”. Termino de citar.

Reflexionemos acerca de la situación de la educación en Guatemala en 1970 y sus necesidades en ese entonces y comparémosla  con  la educación 2,012. Creo que muchas de nuestras escuelas  son  escuelas efectivas y  lo que necesitamos son escuelas buenas.