La Liga írabe intentará hoy una mediación en el Líbano para desbloquear el enfrentamiento entre la mayoría libanesa antisiria y la oposición liderada por el Hezbolá, una semana después del estallido de violencia que dejó varias decenas de muertos.
«La última oportunidad para un compromiso o para el caos», era el título de hoy portada del diario Al Akhbar, cercano a la oposición, antes de la llegada a Beirut del secretario general de la Liga írabe, el egipcio Amr Mussa y una delegación liderada por Qatar.
Los enfrentamientos armados que estallaron el 7 de mayo entre partidarios de la oposición, aliada de Irán y Siria, y de la mayoría libanesa antisiria, apoyada por los Occidentales y por la mayoría de los países árabes, causaron 65 muertos y 200 heridos, según un último balance, en una oleada de violencia inédita desde la guerra civil (1975-90).
Una semana más tarde, las armas se callaron pero el bloqueo político es absoluto: la oposición liderada por el poderoso Hezbolá chiita sigue adelante su campaña de «desobediencia civil» y mantiene sus barricadas en las carreteras, mientras la mayoría libanesa asegura que no negociará «con un fusil en la nuca».
Gran parte de la comunidad internacional vio detrás del movimiento de fuerza del Hezbolá la mano de Irán y Siria, las dos bestias negras de Estados Unidos.
El presidente estadounidense George W. Bush, que hoy llegó a Israel en una nueva gira por Medio Oriente, lanzó la víspera una seria advertencia a ambos países.
«Condeno enérgicamente los recientes esfuerzos de Hezbolá y de sus padrinos extranjeros en Teherán y Damasco, que apuntan a utilizar la violencia e intimidación para desviar al gobierno y el pueblo de Líbano de su voluntad», indicó Bush en un comunicado.
La delegación árabe tiene previsto reunirse con los jefes de la mayoría y de la oposición: entre ellos el primer ministro sirio Fuad Siniora y el presidente del Parlamento, Nabih Berri, líder de la oposición chiita.
La tarde de hoy está previsto un consejo de ministros.