Libro denuncia pacto de La Cofradí­a con la UNE y ílvaro Colom


Imagen de la publicación de Carlos Figueroa Ibarra, ¿En el umbral del posneoliberalismo?

El mes pasado, el sociólogo Carlos Figueroa Ibarra publicó un libro bajo el sello de F&G Editores. El tí­tulo, «Â¿En el umbral del posneoliberalismo? Izquierda y gobierno en América Latina», revela que la temática es sobre los esfuerzos de algunos gobiernos, situados ideológicamente a la izquierda polí­tica, que intentan superar la corriente ideológica del neoliberalismo. Como parte de este estudio se analiza sobre por qué Guatemala está lejos de intentar desarrollar polí­ticas para buscar el desarrollo.

Redacción La Hora
lahora@lahora.com.gt

Napoleón RojasCarlos Quintanillaílvaro Colom, presidente de Guatemala.Luis Francisco Ortega MenaldoJacobo Esdras Salán

El capí­tulo dos del libro, «ílvaro Colom, lí­mites e incertidumbres de la socialdemocracia en el Gobierno de Guatemala», analiza sobre los impedimentos que tiene la actual conducción del Organismo Ejecutivo para poder liderar un Estado soberano.

Sin embargo, el caso de Guatemala, según la visión del autor, es muy clara: vivimos (o estamos a punto de ser) en un Estado fallido.

«Guatemala cumplí­a todos los requisitos para convertirse en un Estado fallido si es que no lo era ya. «Corredores estratégicos» en los que el Estado no existe y en los que el narcopoder impera, 60 muertes violentas anuales por cada 100 mil habitantes, corrupción rampante que ubicaba al paí­s en el lugar número 111 entre 163 economí­as evaluadas por el í­ndice de corrupción elaborado en 2006 por la organización Transparencia Internacional, 240 investigaciones que llegan a juicio de 240 mil delitos cometidos» (p. 106), revela, a manera de introducción el autor.

Figueroa Ibarra analiza que el actual gobierno (así­ como cualquier otro gobierno) debió haber tejido una compleja red de alianzas, que lo hace llegar al poder muy comprometido. Alianzas, por ejemplo, con financistas de campaña quienes cobran los favores una vez se está en el poder.

Sin embargo, lo que más llama la atención es la aparente filiación que el actual gobierno tiene o tuvo con La Cofradí­a, un grupo de militares retirados que han sido vinculados con crí­menes de guerra y que forman parte de la compleja red del crimen organizado.

«Un enconado conflicto interno ha generado una poderosa cultura de terror, un anticomunismo acendrado, y poderes ocultos nutridos de estos rasgos ideológicos y vinculados a formas ilí­citas de capital. (p. 77)», explica el autor en su análisis.

PODERES OCULTOS

Según el autor, para tener acceso al poder de los organismos del Estado se debe tomar partido por y con los poderes formales e informales del paí­s, los cuales se han ido añejando, desde que se formaron en el contexto de una guerra interna de 36 años.

«El hecho cierto es que en una sociedad como la guatemalteca, en la que coexisten poderes formales e informales, grupos surgidos en el contexto de la guerra sucia impulsada por la contrainsurgencia, las alianzas que se hacen para ganar las elecciones transitan por diversos niveles, algunos de ellos subterráneos y no necesariamente visibles (p. 91)», explica el autor.

LA COFRADíA

La Cofradí­a es un grupo de militares retirados de alto rango, que surgió como estrategas de la contrainsurgencia durante el perí­odo de guerra interna, y que con la transición democrática ocupó importantes puestos de poder.

«Se sabe que La Cofradí­a fue organizada por los militares contrainsurgentes Manuel Callejas y Callejas y Francisco Luis Ortega Menaldo a partir de una estructura clandestina que operaba en el Ministerio de Finanzas Públicas para detectar tráfico de armas y municiones destinadas a las organizaciones guerrilleras. Mientras alguna versión menciona como jefe de La Cofradí­a al general Ortega Menaldo, otra más le asigna tal conducción al general Manuel Callejas y Callejas (p. 111)», explica el libro sobre el origen de este grupo.

De acuerdo con el autor, dentro de las redes de alianzas que el actual gobierno debió de haber realizado previo a ganar las elecciones, fue haber llegado a un acuerdo con La Cofradí­a.

«Mención especial en las alianzas que llevaron al gobierno a Colom, merecen el general Luis Francisco Ortega Menaldo, los coroneles Jacobo Esdras Salam (sic, en realidad es Salán, un error del autor) y Napoleón Rojas, así­ como otro militar retirado, Carlos Quintanilla. (…) todos ellos han sido mencionados como integrantes de uno de los poderes ocultos que actúan en Guatemala, en este caso la llamada Cofradí­a (p. 97)», señala claramente a las figuras más visibles de este grupo.

Figueroa Ibarra continúa explicando que el general Ortega Menaldo y los coroneles Salán y Rojas, estuvieron vinculados con el gobierno del Frente Republicano Guatemalteco (FRG) y fueron personajes influyentes en el gobierno de Alfonso Portillo.

Indicios del candidato y el presidente Colom han dado lugar a considerar una alianza por debajo de la mesa entre su gente y la del FRG.

«En el momento previo al inicio de la campaña electoral de 2007, Colom de manera expresa dijo que no harí­a alianzas con el Frente Republicano Guatemalteco (FRG) encabezado por Rí­os Montt. Sin embargo, en septiembre de 2007 fue anunciado públicamente que Francisco Bianchi ( ) se habí­a adherido al proyecto de la UNE. Hecho significativo, puesto que Bianchi fue figura central en el gobierno de facto de Rí­os Montt (1982-1983) y, además, fue una personalidad importante (en) la Iglesia del Verbo, secta del fundamentalismo protestante a la que también pertenece Rí­os Montt. Figuras importantes del perí­odo de gobierno encabezado por Alfonso Portillo se agregaron a la campaña electoral de Colom y estuvieron relacionadas con la UNE. Las más importantes fueron Julio Girón, secretario privado de Portillo -sindicado como su prestanombres en negocios oscuros- y Leonel Montejo, gerente de la Empresa Portuaria Quetzal durante dicho perí­odo (p. 96-97)», se extiende en este punto de la explicación el autor del libro.

El punto es que una alianza con el FRG podrí­a suponer una alianza implí­cita con La Cofradí­a.

«Sabido es que el grupo de poder oculto encabezado por los generales en retiro Ortega Menaldo, Napoleón Rojas y Jacobo Esdras Salam (La Cofradí­a), fue muy influyente durante el gobierno de Portillo (p. 86)», justifica.

Los ví­nculos entre Colom y el FRG, incluida La Cofradí­a, fue corroborada por otras fuentes. Por ejemplo: «Los medios le criticaban su asociación al FRG y Portillo en la segunda vuelta de la campaña anterior; insinuaron, además, que recibí­a financiamiento de barones del narcotráfico. Pero tras una presunta llamada de atención de EE.UU. y acercamientos con las corporaciones locales, esa crí­tica fue bajando y casi desapareció tras designar como su segundo de abordo a un prestigioso cardiólogo, Rafael Espada, amigo de los cabezas de la cúpula empresarial», refirió la revista electrónica de análisis polí­tico Informe Guatemala de la Fundación DESC. (artí­culo: ¿Quién es quién en la carrera electoral?, http://www.informeguatemala.com/archivo/sesentayocho/analisis.htm)

¿QUIí‰N ES QUIí‰N EN LA COFRADíA?

«El general Ortega Menaldo ha sido acusado de mantener ví­nculos con el narcotráfico y el contrabando al extremo de que en 2002, el gobierno de Estados Unidos de América le canceló la visa (p. 97)», explica el autor, sobre la supuesta cabecilla del grupo.

Un artí­culo publicado por el matutino elPeriódico titulado «Redes de influencia en torno a los candidatos presidenciales» (7 de octubre de 2007), identifica a «Luis Francisco Ortega Menaldo. General retirado especialista en la lucha contrainsurgente. Con señalamientos de presuntos lazos con el narcotráfico y contrabando, EE.UU. le revocó la visa en 2002.»

Por su parte, el coronel Salán «ha sido relacionado con la red de contrabando de Alfredo Moreno y se convirtió en un empresario de la construcción merced a contratos otorgados por el Estado (p. 97 y 98)», continúa.

«Jacobo Salán. Militar dado de baja del Ejército, vinculado con la red Moreno de contrabando. Asesoró a Alfonso Portillo durante su Gobierno, e hizo fortuna. Creó empresas de construcción contratadas por el Estado. Enfrenta acusaciones legales», según el reportaje ya citado de elPeriódico.

Mientras que el «coronel Rojas enfrentó en 2003 un proceso penal por contrabando y fue vinculado con un desfalco en el Crédito Hipotecario Nacional; al igual que al general Ortega Menaldo, el gobierno estadounidense le retiró la visa (p. 98)», explica el autor a través de su libro.

«Napoleón Rojas. Militar retirado y sin visa. Como asesor de seguridad de Portillo fue jefe de facto del Estado Mayor Presidencial y vinculado con el desfalco del CHN. En 2003 se le abrió un proceso penal por presuntos nexos con el crimen organizado. Intentó, sin éxito, ganar una curul en Santa Rosa nominado por el partido FRG», según la información citada por el reportaje del matutino.

Rojas fue capturado el 30 de junio de este año, pero recuperó su libertad, luego de que el juez Mario Najarro lo dejara libre bajo fianza de 600 mil quetzales. Esta decisión le costó al juez su traslado, luego de una serie de decisiones favorables a ex funcionarios portillistas y miembros de La Cofradí­a.

«Desde una frí­a perspectiva polí­tica puede decirse que en una sociedad como la guatemalteca, nadie que no esté dispuesto a articular tan compleja red de intereses puede llegar a gobernar al paí­s.» (p. 99)

QUINTANILLA

Como ya se intuyó previamente, el ví­nculo visible de La Cofradí­a con el gobierno de Colom lo constituyó el también militar retirado Carlos Quintanilla, quien fue el encargado de la seguridad privada de ílvaro Colom durante el perí­odo de campaña, y en los primeros meses como Presidente de la República.

«En cuanto a Carlos Quintanilla, dueño de una empresa de seguridad privada, mencionado como el agente del poder oculto, fue financista de Colom y tuvo a su cargo, ni más ni menos, que su protección durante la campaña electoral. Corrió con buena fortuna durante los primeros meses del gobierno del primero pues llegó a encabezar la Secretarí­a de Asuntos Administrativos y de Seguridad (SAAS). (…) Esto sucedió hasta septiembre de 2008, cuando fue defenestrado del gobierno en medio de un escándalo de espionaje al propio Colom (p. 97-98)», destaca el libro.

«Durante los primeros ocho meses de la gestión de Colom, al ser designado Carlos Quintanilla jefe de la SAAS y convertirse en un poder formidable dentro del gobierno, Ortega Menaldo y su grupo lograron infiltrarse nuevamente en el corazón del Estado (p. 114)», amplí­a más adelante en las páginas del mismo libro citado.

Quintanilla parecí­a tener una buena cuota de poder, la cual se extendí­a, no sólo en la SAAS, sino que él mismo tení­a tejidas otras alianzas dentro del Ejecutivo.

«Además, al parecer tení­a influencia o alianza con Gustavo Solano, el titular de la Secretarí­a de Asuntos Estratégicos y también con el propio secretario privado de la Presidencia. En sí­ntesis el representante más evidente de uno de los poderes ocultos, extendí­a una red que amenazaba con cercar al Presidente (p. 117)», refiere el libro al respecto.

Sin embargo, la presión realizada por los medios de comunicación, así­ como de crí­ticas nacionales y extranjeras, provocó que la relación entre Colom y su entonces titular de la SAAS, empezara a distanciarse.

A principios de septiembre de 2008, el presidente ílvaro Colom denunció públicamente a Carlos Quintanilla y a Gustavo Solano de estar detrás de una trama de espionaje en las oficinas de la Presidencia, la Casa Presidencial y la residencia del presidente Colom y la primera dama Sandra Torres.

«El conflicto intergubernamental más conocido en este primer año de gobierno de Colom aconteció con lo hecho por éste para deshacerse de Quintanilla y del grupo que representaba (p. 117)», explica al respecto el autor del libro.

CASO VINICIO Gí“MEZ

Tal parece, que la alerta de la manipulación de Quintanilla como espí­a e infiltrado interno de La Cofradí­a, se dio tras la muerte del ministro de Gobernación, Vinicio Gómez, y su viceministro Edgar Hernández Umaña, el 27 de junio de 2008, poco más de dos meses antes del escándalo del espionaje presidencial.

«Enfrentado con el poder cultivado por Sandra Torres, se encontraba Carlos Quintanilla, empresario de agencias de seguridad y hombre de Ortega Menaldo. Desde la SAAS, controlaba las estructuras de inteligencia y seguridad del gobierno, ejercí­a influencia sobre el Ministerio de la Defensa y en un momento intentó influir en el recambio del ministro de Gobernación, cuando éste y su viceministro fallecieron en un accidente el 27 de junio de 2008 (p. 116)», explica Figueroa Ibarra.

«En primer lugar, después de la muerte accidental del Ministro y Viceministro de Gobernación lograron atajar las presiones y sectores rivales de Quintanilla, con el fin de ubicar en el Ministerio de Gobernación a alguien de su influencia. Finalmente en dicho Ministerio fue nombrado Francisco Jiménez (p. 117)», reitera lo dicho una página antes, quien hoy está ligado a proceso por el caso del Registro Nacional de las Personas (Renap).

A este respecto, la Fundación Myrna Mack emitió, en su momento, un comunicado en el cual se corrobora lo afirmado por Figueroa Ibarra.

«Francisco Jiménez, el nuevo ministro de Gobernación, es un profesional considerado independiente y proclive al fortalecimiento de la institucionalidad del Estado frente a los flujos de poder que penetran y cooptan estructuras de gobierno, en busca de negocios o de impunidad. Resalta su desempeño como pensador y operador de procesos relacionados con la inteligencia estratégica, la inteligencia civil y la construcción de una visión de Estado a partir de la doctrina y los conceptos de la seguridad democrática. Su nombramiento ha congregado expresiones de satisfacción o al menos de tranquilidad en diversos sectores nacionales, pues se temí­a que el poderoso titular de la SAAS, Carlos Quintanilla, pudiese avanzar en el control de más instituciones del sector seguridad», revela el comunicado emitido en julio de 2008.

Helen Mack, directora de dicha fundación, es hoy miembro del equipo de Gobierno de Colom, y encargada de la reforma policial.

La intención del autor del libro es exponer que ciertas alianzas no permiten al actual Gobierno el poder tomar decisiones con independencia, y poder implementar polí­ticas para rescatar a un Estado (casi) fallido.

Es por ello que Figueroa Ibarra ve con buenos ojos el hecho de que en septiembre de 2008 se haya desligado de Quintanilla.

«Más allá de simbolismos, su ruptura con uno de los poderes ocultos que se enquistó en el gobierno es un indicio alentador (p. 136)», comenta con buen ánimo Figueroa Ibarra.

¿RUPTURA TOTAL?

Sin embargo, otros indicios (surgidos después de haberse escrito la versión inicial del análisis, el cual reconoce el autor fue en octubre de 2008, tan sólo un mes después de ocurridos los hechos) hacen suponer que la ruptura no ha sido total.

Por ejemplo, la persecución penal contra Quintanilla y Solano se encuentra entrampada, sin que haya mucho interés por darle seguimiento. Como elemento adicional, habrí­a que indicar que la denuncia pública contra los dos sindicados de espionaje se realizó el jueves 4 de septiembre por la tarde, sin que hubiese una orden de captura.

Hasta el sábado siguiente, 6 de septiembre, por la mañana, se inició la búsqueda por orden de captura, lo cual dejó un margen de al menos 30 horas para poder escapar y esconderse. Fue hasta el 22 de diciembre de ese mismo año, que Quintanilla se entregó voluntariamente ante el juzgado Quinto de Primera Instancia Penal, y debido a lo «voluntario» del hecho (pese a haber estado prófugo casi cuatro meses), el juez Julio Jerónimo Xitumul lo dejó libre bajo fianza.

Debido a que el juez Xitumul habí­a favorecido a miembros de La Cofradí­a (Quintanilla, Solano) y ex funcionarios del gobierno del FRG (incluido el ex presidente Alfonso Portillo, y el ex ministro de Finanzas, Manuel Maza Castellanos), fue trasladado en enero de 2009.

FISCAL GENERAL

Un hecho más hace suponer que el Gobierno aún no ha roto relaciones con Quintanilla y, en consecuencia, con La Cofradí­a. Carlos Castresana, el entonces jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), denunció el 7 de junio de este año, sobre la influencia que el jefe de la SAAS tuvo en la elección del Fiscal General.

El presidente ílvaro Colom nombró a Conrado Reyes Sagastume como Fiscal General. Sin embargo, la CICIG denunció los ví­nculos que éste tení­a con Quintanilla, y que, en pocos dí­as, el recién nombrado jefe del Ministerio Público (MP) habrí­a iniciado a desmantelar investigaciones de alto impacto, por lo que lo acusaba (a Reyes Sagastume) de obstaculizar la justicia.

La Corte de Constitucionalidad declaró nula la elección a Fiscal General, el 9 de junio de este año, debido a la crisis polí­tica que se desató tras la denuncia de Castresana de la errada elección que el presidente ílvaro Colom hizo al escoger a Reyes Sagastume, supuesto hombre de Quintanilla, como el jefe del MP.

Colom, en su defensa manifestó que se enteró de las pruebas contra Conrado Reyes una vez nombrado, porque éstas surgieron luego de la designación del ex fiscal.

«El hecho cierto es que en una sociedad como la guatemalteca, en la que coexisten poderes formales e informales, grupos surgidos en el contexto de la guerra sucia impulsada por la contrainsurgencia, las alianzas que se hacen para ganar las elecciones transitan por diversos niveles, algunos de ellos subterráneos y no necesariamente visibles (p. 91)».

¿En el umbral del posneoliberalismo?

» Mención especial en las alianzas que llevaron al gobierno a Colom, merecen el general Luis Francisco Ortega Menaldo, los coroneles Jacobo Esdras (Salán) (…) y Napoleón Rojas, así­ como otro militar retirado, Carlos Quintanilla. (…) todos ellos han sido mencionados como integrantes de uno de los poderes ocultosque actúan en Guatemala, en este caso la llamada Cofradí­a (p. 97)».

¿En el umbral del posneoliberalismo?

PUGNAS POR EL PODER El caso de El Sindicato


Figueroa Ibarra también realiza el análisis, dentro del libro «Â¿En el umbral del posneoliberalismo?», sobre otros grupos de poder, formales e informales, dentro del Gobierno y, en fin, del paí­s.

Expone, a grosso modo, que parte de la pujanza de La Cofradí­a tiene ví­nculos con el poder estatal, y se debe a la lucha que tiene con otro grupo de militares retirados, con el cual ha tenido una rivalidad desde la guerra interna y el inicio de la transición democrática.

Según el autor del libro, La Cofradí­a está en constante pugna por el poder con otro grupo de militares retirados, denominado El Sindicato.

«Las dos principales organizaciones clandestinas que operaban en el paí­s, La Cofradí­a y El Sindicato también consolidaron su existencia a partir de encontradas visiones contrainsurgentes. Los militares que fundaron La Cofradí­a, una suerte de fraternidad secreta dentro del Ejército, eran partidarios de la guerra total contra la insurgencia y fueron conocidos como los estratégicos. Su planteamiento era que la insurgencia solamente serí­a destruida si se perseguí­a la «victoria total». Por ello, La Cofradí­a fue reputada como una suerte de logia secreta que agrupaba los militares de inteligencia que se identificaban con la lí­nea dura del Ejército, reacia a establecer negociaciones con la insurgencia. Por el contrario, los militares que encabezaba Pérez Molina eran conocidos como los «constitucionalistas», porque eran partidarios de una visión contrainsurgente integral que combinaba elementos polí­ticos y militares. No en balde el general Pérez Molina serí­a el delegado del Ejército en la comisión gubernamental que finalmente firmó los acuerdos de paz con la insurgencia en diciembre de 1996. Estratégicos constitucionalistas volvieron a enfrentarse (…) en el contexto del autogolpe intentado por el presidente Serrano Elí­as en 1993. Esto consolidó enemistades y rivalidades (p. 111-112)», explica Figueroa Ibarra en este punto.

Otto Pérez Molina, ex candidato presidencial por el Partido Patriota, habrí­a sido la cara visible de El Sindicato. El haber sido el otro candidato que compitió con Colom en la segunda vuelta de las Elecciones de 2007, habrí­a sido otro factor determinante para que La Cofradí­a apoyara a Colom.

Sin embargo, la diferencia de criterios no proviene únicamente de las últimas elecciones, sino de un proceso de los últimos 30 años.

«Pero su papel en el intento de autogolpe de 1993, (Pérez Molina) consolidó también su enemistad con otros poderosos jefes del Ejército, partidarios de la lí­nea dura en la guerra contrainsurgente y que apoyaron el autogolpe de Serrano Elí­as, entre ellos su figura principal, el general Francisco Ortega Menaldo. Esta enemistad que de ser expresión de lí­neas rivales en el Ejército, pasó a ser rivalidad de poderes ocultos (El Sindicato y La Cofradí­a) vinculados a actividades de crimen organizado, explicarí­a por qué siendo el candidato más viable a ocupar el cargo de ministro de la Defensa durante el gobierno de Alfonso Portillo (2000-2004), repentinamente fue descartado (p. 86)», explica Figueroa Ibarra sobre la desvinculación de Pérez Molina con los miembros de La Cofradí­a.

De El Sindicato, dice el autor, que «ó de una suerte de fraternidad horizontal en el seno de los militares egresados de la Escuela Politécnica en 1973. Su organizador y principal animador es el propio general Otto Pérez Molina aun cuando también se menciona a otro militar de nombre Roberto Letona Hora» (p. 111).

Por su parte, Pérez Molina dijo que la denominación de El Sindicato surgió de antiguos oficiales, que llamaron así­ a su promoción dentro del Ejército, que solí­a reunirse constantemente para mantener los ví­nculos de fraternidad. «No hay absolutamente nada más atrás (…)», señaló.

Por otro lado, indicó que «la mala relación con Ortega viene desde el serranazo, pues yo estaba entre los que promovimos la renuncia de Serrano; ahí­ Ortega pierde el puesto y termina su carrera».

«Con la llegada de Portillo, Ortega estuvo muy cerca del poder y se empieza a rumorar que yo iba a ser Ministro de Defensa, pero después ya no se dio», puntualizó Pérez Molina.

POSTURA OFICIAL


Para conocer la postura del Presidente, se intentó contactar por ví­a telefónica al secretario de Comunicación, Ronaldo Robles y en dos ocasiones al portavoz presidencial, Guiseppe Calvinisti, pero no hubo respuesta.

El mandatario dijo recientemente que se habí­a cuidado para evitar la infiltración de grupos criminales en su gobierno.