Una manera de observar el desarrollo gradual de una sociedad, será cuando veamos a las mujeres desenvolverse con independencia real y ocupar puestos de dirección decisivos dentro de las organizaciones institucionales de un país.
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Hablando un poco de libertades e independencias, hace casi 15 días se celebraron los comicios generales en nuestro país. Y hace una semana se festejaba «nuestra emancipación política», fiesta patria que recuerda el desligamiento político de España.
Bastante se sabe acerca de quién fue la clase que en realidad se desligo de aquella potencia en ese momento y heredó a sus sucesores las conquistas obtenidas tan violentamente.
Lo único que quedó para la otra clase, compuesta de varios estratos, la clase desposeída de medios de producción y poseedora únicamente de su fuerza para trabajar fue el racismo, machismo, pobreza, conformismo, etc.
Entre la herencia para ésta clase, por supuesto, el machismo ha jugado un papel preponderante en la sociedad en que nos desenvolvemos. Ejerciendo el derecho al voto pude observar que dentro de un centro de votación había varias mujeres ejerciendo también su derecho. Algunas sin compañía, otras con sus hijas o hijos, pero también las había escoltadas de sus compañeros de vida. Es algo magnífico cuando, una fiesta cívica como las elecciones generales, se celebra en familia, compartiendo tal vez la misma opinión política o también militando en el mismo partido y que más da, votando por diferentes opciones. Pero sucede que la herencia machista y en continua reproducción sigue entrometiéndose en el desarrollo de las mujeres.
Hubo tres mujeres a las que observé detenidamente, una de ellas fue escoltada por su compañero desde que le dieron las papeletas y al momento de marcar por su candidato o candidata él se aproximó hacia ella y miró por cuál partido lo hacía. La segunda mujer también fue escoltada por su compañero que igualmente observó por cuál partido votaba y al momento de que las personas encargadas del recinto le llamaran la atención replicó con un tono un tanto molesto «ella, es mi esposa» y quien llamaba la atención le objetó «sí, pero el voto es secreto». Con la tercera mujer el caso fue muy diferente. Su compañero la llevó hasta el lugar dónde se marcan las papeletas y le indicó a viva voz y casi señalando la casilla en la propia papeleta por cuál partido votar, no importándole que le llamaran la atención varias veces.
Una manera de observar el desarrollo gradual de una sociedad, será cuando veamos a las mujeres desenvolverse con independencia real y ocupar puestos de dirección decisivos dentro de las organizaciones institucionales de un país.