Liberaron a dos, pero ¿y los otros 750?


Lorenzo Delloye, hijo de Ingrid Betancourt, luce preocupado por el futuro de su madre, que permanece en cautiverio a manos de las FARC.

La entrega al presidente venezolano Hugo Chávez de dos rehenes por parte de la guerrilla de las FARC generó reacciones de optimismo en Colombia, donde sin embargo se reconoce que aún hay muchos obstáculos para conseguir la libertad de los demás cautivos.


«Con la liberación de Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo se vislumbra una nueva esperanza», dice Lucy de Gechem, esposa de uno de los congresistas colombianos que siguen en poder de la guerrilla.

Pero a pesar de ese optimismo tanto familiares, como polí­ticos impulsores de una negociación y analistas advierten que todaví­a debe recorrerse un trecho muy largo y lleno de dificultades para la liberación de los otros 44 rehenes, entre ellos la colombo-francesa Ingrid Betancourt y tres estadounidenses.

«Sabemos que la entrega de otros rehenes como Ingrid será un tema difí­cil pero con este hecho recobramos fuerzas, aunque tendremos que tener paciencia», dice Yolanda Polanco, cuya madre es otra de las polí­ticas en manos de las FARC.

El optimismo se deriva en parte por el hecho de que la entrega de Rojas y González, quienes estuvieron unos seis años secuestradas, es la primera liberación unilateral de rehenes que hacen las FARC.

Pero la senadora colombiana Piedad Córdoba, principal impulsora de la mediación de Chávez, ya advirtió que no se deben esperar otros gestos de este tipo.

«Lo que hay que buscar ahora es una negociación», subrayó Córdoba. Y para ello lo primero es que Bogotá acepté y permita de nuevo a Chávez la mediación que éste realizaba y cuya suspensión en noviembre generó un fuerte enfrentamiento entre los mandatarios de los dos paí­ses, agregó.

«Sé que no va a ser un proceso fácil pero estoy dispuesta a ir hablar directamente en Bogotá con el presidente Alvaro Uribe sobre ello», añadió Córdoba.

Chávez ofreció tras la liberación el jueves sus buenos oficios ante las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas) para buscar un canje de los rehenes por unos 500 rebeldes presos.

«Estoy a la orden. Replanteo lo de ir al Guaviare o al Caguán, porque me monto en un helicóptero y en tres horas estoy hablando con (Manuel) Marulanda», el máximo jefe de esa guerrilla, señaló Chávez.

Por su parte, Uribe agradeció la gestión de Chávez varias veces en una intervención radiotelevisada la noche del jueves, en la que sin embargo dejó en claro que por ahora el gobierno no contempla ninguna posibilidad distinta de buscar un acercamiento con las FARC a la mediación de la Iglesia Católica.

Al mismo tiempo Uribe subrayó que esa liberación es fruto de la presión que las fuerzas armadas han puesto sobre las FARC, que considera acorraladas gracias a su polí­tica de «seguridad democrática», dejando en claro que no aceptará condicionamientos para tratar el tema de los rehenes que puedan ser interpretados como concesiones al terrorismo.

Para el ex presidente colombiano Ernesto Samper (1994-98), quien considera fundamental el papel que puede cumplir Chávez, sólo una reunión cara a cara de los mandatarios puede solucionar esos obstáculos.

«La entrega es muy importante y demuestra la efectividad que tendrí­a una mediación de Chávez. Hay sin embargo unos obstáculos que resolver, que podrí­an tratarse por ejemplo en una reunión de los presidente de los dos paí­ses para superar las diferencias», señala Samper.

Uno de esos obstáculos es el hecho de que Bogotá considera que las actuaciones de Chávez dan excesivo protagonismo polí­tico a las FARC, lo que le darí­a un segundo aire a la organización de 17 mil combatientes que para Uribe está seriamente golpeada.

El otro es la insistencia de las FARC en que para dialogar es necesario que se retiren las tropas de los municipios de Florida y Pradera, en los alrededores de Cali, la tercera ciudad del paí­s (con 2 millones de habitantes), un territorio que el gobierno se niega a dejar en manos de rebeldes.

«Mientras se mantengan estos «inamovibles» (condiciones imprescindibles), cualquier posibilidad de negociación se estancará», señala Jaime Zuluaga, del instituto de Estudios Polí­ticos de la estatal Universidad Nacional.

«Sé que no va a ser un proceso fácil pero estoy dispuesta a ir hablar directamente en Bogotá con el presidente Alvaro Uribe sobre ello.»

Piedad Córdoba

senadora colombiana