Lí­bano se compromete a combatir «el imperio del terrorismo»


El jefe de la seguridad libanesa se comprometió hoy a combatir «el imperio del terrorismo», poco antes del sepelio del alto oficial de los servicios de inteligencia asesinado ayer junto a otras cuatro personas en un atentado con coche bomba cerca de Beirut.


El asesinato del capitán Wissam Eid, de las Fuerzas de Seguridad Interior (FSI), condenado en Lí­bano y en el resto del mundo, es percibido como una nueva tentativa de desestabilización de este paí­s que ya está sumido en una crisis polí­tica.

«Estamos determinados a hacer frente al imperio de la muerte y del terrorismo», declaró el general Achraf Rifi, jefe de las FSI, durante una ceremonia en homenaje al oficial y a su guardaespaldas, que también falleció en el atentado en la periferia cristiana de Hazmieh.

«Las manos criminales pueden golpear a los héroes a través de la traición pero no pueden actuar de frente», agregó.

La ceremonia tuvo lugar en la sede de las FSI en Achrafieh, un barrio cristiano de Beirut, desde donde los féretros de Eid y su guardaespaldas fueron transportados a Trí­poli, en el norte del paí­s, para el sepelio.

El capitán, ascendido a comandante a tí­tulo póstumo, investigaba varios atentados que han sacudido Lí­bano desde 2004.

Eid habí­a proporcionado además «informaciones» a la comisión encargada de arrojar luz sobre el asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri, en 2005, en el que muchos han denunciado la mano siria, según un ex miembro del grupo investigador.

En esta jornada decretada de duelo nacional, las escuelas y universidades permanecieron cerradas, mientras que las banderas del paí­s ondearon a media asta en los edificios públicos.

En Trí­poli, centenares de personas acogieron a los «mártires», dando rienda suelta a su cólera y arremetiendo contra el presidente sirio, Bachar al Assad, y el lí­der del Hezbolá chiita libanés, Hassan Nasralá, figura preponderante de la oposicion polí­tica, apoyada por Damasco y Teherán.

El atentado viene a enturbiar aún más, si cabe, la situación polí­tica en Lí­bano, donde la mayorí­a antisiria, respaldada por Occidente, se disputa el poder con la minorí­a próxima al paí­s vecino.

Las instituciones continúan paralizadas más de un año después de la dimisión de todos los ministros de la oposición que reclama más poder. Además, el puesto de jefe de Estado está vacante desde el pasado 24 de noviembre por la imposibilidad de los grupos polí­ticos de consensuar un candidato.

La mayorí­a parlamentaria ha señalado con el dedo a Siria en el atentado de ayer y ha pedido a la comunidad internacional que ponga fin a la «polí­tica de asesinatos y de destrucción que lleva a cabo el regí­men» de Damasco en Lí­bano. Siria condenó por su parte el atentado.