El ejército libanés seguía hoy con su despliegue en las regiones más afectadas por los enfrentamientos entre partidarios de la mayoría libanesa antisiria y de la oposición del Hezbolá, mientras el país sigue paralizado y espera una delegación de emisarios árabes.
Cuarenta y siete personas murieron en los enfrentamientos en Beirut (oeste), en Trípoli (norte) y en la montaña drusa (sudeste de Beirut) desde el 7 de mayo pasado, indicó hoy una fuente de los servicios de seguridad libaneses.
«Cuarenta y siete personas murieron y 188 resultaron heridas en todo el país» desde el pasado miércoles, luego del inicio de una huelga general que desembocó en disturbios armados, los peores desde el fin de la guerra civil (1975-1990), precisó ese responsable.
Según la misma fuente, al menos seis personas murieron ayer en combates en el sudeste de Beirut.
El viernes, el Hezbolá tomó el control del sector oeste de Beirut luego de expulsar a sus rivales sunita pro gubernamentales, antes de retirarse el fin de semana y dejar la seguridad en manos del ejército.
Ello obligó al gobierno, apoyado por Occidente, a confiar al ejército decisiones que había tomado contra la formación chiita que causaron los disturbios.
El Hezbolá rechaza dos decisiones recientes del gobierno: la investigación de una red paralela de comunicaciones que el movimiento chiita instaló en todo el país y la destitución del jefe de seguridad del aeropuerto de Beirut cercano al Hezbolá.
El ejército congeló el sábado esas dos decisiones y se desplegó masivamente en todo el país.
Los militares pidieron la retirada de los hombres armados de las calles y la reapertura de las carreteras.
Pero hoy, numerosas rutas seguían bloqueadas, en particular la que lleva al aeropuerto de Beirut.
La oposición advirtió que continuará con su movimiento de «desobediencia civil».
En tanto, los ministros árabes de Relaciones Exteriores, que se reunieron ayer en El Cairo, rechazaron «el uso de la violencia armada para alcanzar objetivos políticos» y anunciaron que enviarán una delegación ministerial a Beirut para entablar conversaciones con los dirigentes libaneses.
Una fuente diplomática libanesa indicó hoy que «aún no se ha fijado una fecha para la llegada de la delegación» que no incluirá a Egipto y Arabia Saudita, que apoyan al gobierno del presidente libanés saliente Fuad Siniora ni a Siria, aliada del Hezbolá.
Durante la redacción de la delegación final, aparecieron desacuerdos entre los países involucrados pues algunos consideraban que el texto era una condena implícita al Hezbolá.
En el terreno, los combates cesaron pero la tensión sigue siendo notable en las zonas donde se produjeron enfrentamientos.
Choques esporádicos se producían entre las dos partes en numerosas regiones del país, sin causar víctimas.
En Trípoli, grupos islamistas anunciaron ayer que lanzaban la «resistencia islámica sunita y nacional libanesa para defender al Líbano, su entidad y sus instituciones».
Hoy al alba, en el noreste de Trípoli, desconocidos dispararon contra vehículos que llevaban matrícula siria.
En el distrito de Aley, sudeste de la capital, donde se produjeron enfrentamientos que causaron al menos seis muertos, varias casas fueron incendiadas y los cristales de varios comercios fueron rotos.
«Ni siquiera los israelíes no habían hecho esto», admitió una vecina de Ech Chueifat, sudeste de Beirut.
Señal de la tensión reinante, el buque de guerra estadounidense «USS Cole», cuyo despliegue en febrero frente a las costas libanesas fue criticado por Siria, volvió al Mediterráneo, luego de haber cruzado el Canal de Suez, anunció ayer un responsable de la autoridad del canal.