Una ley electoral tiene que ser un instrumento de participación política democrática, más que una ley que otorga privilegios a los partidos, para que éstos sigan con el usufructo del derecho de proponer candidatos para los diferentes cargos de elección; así como para repartir prebendas a los financistas y otros colaboradores a quienes por compadrazgo y tráfico de influencias se les ubica en puestos de ministros, Gerentes, Directores Generales y otros cargos donde se puede recuperar la inversión con la que se pudo llevar al poder al partido político ganador.
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¿Pero qué le van a querer entrar a la reforma de la Ley Electoral si allí está el enganche del negocio politiquero? Con una ley como la que existe actualmente no se puede enderezar el proceso electoral. Todos los políticos violan la ley electoral, porque contiene sanciones que les dan risa: ¡ja, ja, ja, ja, ja!, especialmente en el asunto de las campañas anticipadas, donde los propagandistas abusivos comienzan a manchar el encantador paisaje natural de Guatemala. Es el caso de que aquí vivimos en continuo proceso electoral, debido a la ignorancia de nuestro pueblo, por lo que lo bombardean pintarrajeándolo todo, con los colores de su bandera política, lo que nos mantiene en la desesperación de tener que aguantar un cuadro grotesco, donde pareciera que se hubiesen borrado las paredes, las piedras y los árboles, dejando un desolado panorama salido del infierno de la ambición política. Como se ve que comen ansias los candidatos perdedores y se apresuran a esperar la compasión del pueblo ignorante que dirá: ¡Pobrecito, si ya es segunda o tercera vez que está luchando (a brazo partido) por la jugosa guayaba, a saber cuánto habrá gastado, votemos por él, seguro que ya le toca! Solo falta que dijeran: ¡ayudémoslo a salir de pobre!
Hablando del Tribunal Supremo Electoral hemos notado que aunque tiene buenas quijadas, ya que su presidenta la Dra. en Derecho María Eugenia Villagrán le ha puesto ganas, pero, cada vez se le ve más en el desamparo por falta de herramientas para hacer respetar la ley, hasta se le ve desfalleciente, desmotivada por su indefensión, ante la falta de una legislación sin colmillos para apretar y ajustar a los partidos políticos, ya que actualmente este tribunal solo muerde con las encías, con lo cual solo les dan masajes a los politiqueros, pero no los amedrentan para no seguir incumpliendo la ley. Estos personajes lo que necesitan es un abrazo de oso, para sacudirlos, obligarlos a cumplir y quitarles las mañas de una vez por todas, demostrándoles que deben respetar las normas, porque con las multas miserables de $125.00, no les hacen ni cosquillas, esto sin considerar que todavía presentan amparos para quitarse esas multitas, que para ellos solo son regaños o palmaditas en la espalda que solo los estimulan para seguir infringiendo la ley. Pero, “a los honorables diputados” del Congreso de la República no les interesa la reforma a la ley electoral, “coyotes de la misma loma tenían que ser”.
Cuando titulamos este artículo de opinión, como: Ley Electoral y de participación política, lo hicimos con el propósito de motivar a la población y especialmente a los señores diputados, de que necesitamos una ley que incentive la participación política de los ciudadanos, antes que dar todas las ventajas a los partidos políticos para obtener las mejores ganancias en el negocio de los cargos de elección popular. Lo que nuestro país necesita es una mayor participación política consciente, para conocer y saber decidir el futuro de Guatemala. No se trata solo de formar parte de un partido político, sino de ser un ciudadano que participa en la política, alguien que sabe que tiene la obligación de emitir su voto, para elegir a sus gobernantes y de los demás. No podemos cruzarnos de brazos y seguir siendo espectadores de nuestra propia historia. Apoyemos a las instituciones que conforman el Estado y a los funcionarios honestos que procuran cumplir con su deber. Exijamos a los partidos políticos que dejen de ser mercaderes de la gestión pública, para convertirse en actores positivos del desarrollo y el progreso nacional. Lástima que se siga dejando que la corrupción continúe y lástima que no haya voluntad para hacer cumplir la ley.