Ley de vivienda y los primeros pasos del PP


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Nunca olvidaré la gran decepción que me llevé cuando el actual gobierno apoyó, casi sin restricciones, a uno de los seres que más daño ha causado al paí­s en los últimos años. El gobierno de la UNE y Joviel Acevedo, capo sindical del Magisterio Nacional, pactaron y navegaron de la mano durante los últimos cuatro años por conveniencia mutua. El gobierno accedió a prácticamente todos los chantajes del sindicalista mientras este le ayudó a organizar acarreos en los momentos necesarios.

John Carroll

 


Pactaron la paz y la amistad para deponer protestas e inmediatamente el gobierno socialdemócrata se convirtió en lo que muchos  sabí­amos que resultarí­a.  Siendo conservador  y tomando en cuenta que no tengo una buena opinión del sistema público de educación en Guatemala,  durante los últimos cuatro años el avance en el tema de la educación puede calificarse con suerte de nulo.
Tal y como lo indiqué la semana pasada el gobierno del Partido Patriota está actuando básicamente de la misma manera que su criticado antecesor y aunque todaví­a no ha negociado con el chantajista de Joviel, ya se puede observar cuál será su lí­nea ejecutoria. El dí­a de ayer el General Otto Pérez Molina intervino en la protesta que un grupo de manifestantes auspiciados por los más oscuros intereses mantienen desde hace meses en la 9ª avenida frente al Congreso de la República.  Me parece que es una verdadera vergí¼enza que el Presidente electo nos dé el ejemplo de cómo actuar ante los chantajistas delincuentes que bloquean la libre locomoción de los guatemaltecos por más de cuatro meses.  El General se comprometió a que el Ejecutivo darí­a todo su apoyo a la aprobación de la ley 3869 “Ley de Vivienda”.  El compromiso incluye también el apoyo de la bancada del nuevo partido oficial en el Congreso y por lo tanto se espera que en cuestión de meses la famosa iniciativa de ley presentada ante el pleno en el 2008 pueda finalmente quedar aprobada en tercera y definitiva lectura en los primeros meses del año.
Vea usted si no le parece extraño que los manifestantes, así­ de pobres como son,  se pasen cuatro meses sin trabajar viviendo en improvisados habitáculos con una baterí­a de servicios sanitarios portátiles, de esos que ponen en las construcciones o en los conciertos y que cuestan  un ojo de la cara por dí­a, electricidad, televisores, DVD player, equipos de sonido y cocinas completas.  ¿Será que estos humildes manifestantes se sacrificaron por todos los pobres y desposeí­dos de Guatemala?  Yo más bien creo que los manifestantes han sido financiados por los diferentes grupos de presión que buscan desesperadamente la aprobación de una ley que les permitirá servir sus intereses.  También creo que el General sabe exactamente cuáles son esos grupos de presión y que él no es más que otro fiel servidor de su nueva clientela polí­tica. Todo mundo sabe que constructores privados,  onegistas,  diputados, alcaldes y muchos otros estallan en felicidad cada vez que logran que el gobierno apruebe una evidente ley de privilegios e incentivos perversos.  Y parece muy desalentador que nuestros representantes y la mayorí­a de la población ignore lo que sucede cada vez que se extienden  los tentáculos del Estado con este tipo de leyes. El resultado es invariable: más corrupción, más impuestos, menos atención para las prioridades, más empresarios corruptos enriquecidos por la discreción del gobernante.

No podemos aceptar que el gobierno entrante negocie con delincuentes y sobre todo no lo podemos aceptar si a la negociación llegan con la billetera llena de nuestro dinero.  Hasta cuando entenderemos que aprobar leyes que convierten aspiraciones y deseos en derechos no es la salida adecuada. Es conocido que uno de los principales precursores de la debacle financiera hipotecaria de Estados Unidos fue precisamente la creación de leyes que obligaban a las entidades financieras estatales y privadas a prestar dinero para la compra de vivienda aunque el aplicante no llene los requisitos mí­nimos de obtención de crédito.  Porqué nos cuesta tanto ver ejemplos como el de la reciente crisis hipotecaria de Estados Unidos en donde leyes con los mismos conceptos crearon miseria y desconsuelo.  ¿Qué necedad será esa de tratar de salir de pobres por decreto y no por productividad?  La falta de vivienda en Guatemala o en cualquier parte del mundo no se logra promulgando una ley, se logra teniendo una población con más riqueza y en eso es en lo que el próximo gobierno debiera de concentrarse si pretende en algún momento servirle a su pueblo.