El toque de queda fue levantado el viernes en la capital de Líbano, un día después de los violentos incidentes entre partidarios del gobierno y la oposición que reavivaron el fantasma de la guerra civil.
Estos enfrentamientos entre sunitas y chiitas, de una amplitud sin precedentes desde la guerra civil (1975-1990), dejaron el jueves cuatro muertos y más de 150 heridos en varios barrios de mayoría musulmana de Beirut.
El ejército, que desplegó en las calles a cientos de soldados apoyados por tanques blindados, impuso un toque de queda desde el jueves a las 20H30 hasta el viernes a las 06H00 (18H30 GMT a 04H00 GMT), el primero desde 1996.
El ejército no excluía decretar un nuevo toque de queda, aunque uno de sus portavoces aseguró que la situación está «bajo control».
Unas 200 personas permanecían detenidas desde el martes, cuando una huelga general organizada por la oposición, dirigida por el movimiento chiita Hezbolá para tumbar el gobierno del primer ministro Fuad Siniora, degeneró en enfrentamientos que costaron la vida a tres personas e hirieron a 133.
Al levantarse el toque de queda, la vida reanudó su marcha en Beirut y los comercios y tiendas abrían sus puertas. Pero los establecimientos escolares y las universidades, tanto públicas como privadas, seguirán cerradas hasta el lunes.
En el barrio de Zokak al Blat, escenario de gran parte de la violencia de la víspera, sólo la presencia de contenedores de basura volcados o incendiados y los blindados del ejército apostados en los cruces recordaban la violencia del jueves.
Las reyertas a pedradas y con palos entre partidarios de la oposición y del gobierno comenzaron en la Universidad Arabe, al sur de Beirut, un barrio que hoy está en calma pero es vigilado aún por varios soldados.
Luego, los incidentes se extendieron a los barrios limítrofes y a otros sectores poblados de sunitas y de chiitas, donde grupos de incontrolados incendiaron automóviles y levantaron barricadas con neumáticos incendiados.
La prensa publicó las fotos de francotiradores ocultos en los techos de las casas, lo cual trajo el recuerdo de la guerra civil.
La oposición llamó a los libaneses a participar en masa en los funerales de dos de las víctimas esta tarde.
Dirigentes de ambas partes pidieron a sus seguidores abandonar las calles desde el jueves.
«Todo el mundo debería evacuar las calles, quedarse tranquilo y dejar el lugar al ejército y a las fuerzas de seguridad», dijo el jefe del Hezbolá, Hassan Nasralá, que el jueves criticó violentamente al gobierno «de milicias» y prometió una «nueva escalada en el accionar de la oposición».
El jefe de la mayoría parlamentaria antisiria, el líder sunita Saad Hariri, exhortó a sus partidarios a «no responder a las provocaciones de aquellos que quieren sembrar cizaña para sabotear los resultados positivos de la conferencia internacional de ayuda a Líbano».
Mientras Líbano sufre las consecuencias de la inestabilidad política y social, la comunidad internacional renovó en París su apoyo a Siniora y prometió una ayuda de 7.600 millones de dólares.
Enfrentado desde hace unos dos meses a una revuelta de la oposición, apoyada por Irán y Siria, que reclama su renuncia, Siniora lanzó desde París un llamado a la «sabiduría» de los libaneses y les pidió «rechazar la escalada».
La prensa encendió la alarma y advirtió del riesgo de una nueva guerra civil.
«Â¡Que Dios maldiga a quien la ha despertado!», publicó en portada el diario As Safir, en referencia a la sedición confesional.
«El Líbano bajo la sedición. Poco importa quién es el responsable. Poco importa quién comenzó los enfrentamientos. Lo que se necesita es una solución política rápida y un gobierno de unión nacional», estimó el diario de oposición Ad Diyar.
La crisis comenzó con la renuncia de seis ministros prosirios del gabinete en noviembre. La oposición exige un derecho de veto en el seno del gobierno de Siniora, así como elecciones anticipadas.