Mi padre decía: “Después de Taxisco el cielo y en el cielo un hoyito para ver Taxisco”. Seguramente éste ahora además de ver su terruño, le sirve para escuchar las notas que de la marimba sabe desprender con amor de músico y orgullo de patria uno de los hijos predilectos de esa tierra, Lester Homero Godínez Orantes.
Lester con convicción de deseo y necedad de taxisteco decidió, hace ya más de un cuarto de siglo, retomar el valor perdido de este instrumento musical a quien el promotor de la cultura guatemalteca, David Vela, llamó el piano de América, dedicándose años, a investigar sus orígenes para plasmar su historia en un libro titulado precisamente, La Marimba Guatemalteca, editado por el Fondo de Cultura Económica. En el que se puede leer: “Es el libro que resume lo básico sobre el instrumento nacional. Evalúa hipótesis del origen y describe el desarrollo hasta finales del siglo XX”. Siendo un estudiante escolar decidió que la marimba si bien era la música que le gustaba bailar a sus padres Ofelia y Efrén, también merecía ser escuchada y disfrutada. Así que tomó una decisión que marcaría su vida. Formó su primer conjunto marimbístico con sus compañeros del Instituto Imrich Fischmann, y finalmente consiguió lo que buscaba, la marimba fue escuchada, y demostró que su disfrute podía ser enorme. De allí en adelante no paró hasta que con más estudios en música funda en 1979 la Marimba de Concierto de Bellas Artes, logrando institucionalizar el concepto dignificando el instrumento musical y a quienes lo tocaban. Más tarde fundaría la Marimba de Concierto de la Presidencia y llegaría entre otros cargos a presidir la Asociación de Marimbistas de Guatemala, y ser el vicepresidente de ADESCA, transformado en investigador del instrumento nacional y con dos licenciaturas en música, brindó conferencias en distintos países de Europa, Asia y América.
Así que cuando le nombraron Director de las Artes del Ministerio de Cultura, consideramos que era una excelente decisión. Con el tiempo fue descubriendo que en el ministerio no bastaba con el deseo y el trabajo para hacer algo grande, por el desarrollo del arte para todos en nuestro país, se necesita apoyo de las autoridades con compromiso político y social de sacar la tarea. Lo que para Lester no existió, y quizás por esa necedad de querer hacer algo bueno por la cultura guatemalteca, en el conocimiento de su gente y su esencia, es que fue retirado del cargo. Una decisión que seguramente pesará a futuro.