Lejos de la realidad


Jody

No fui solo yo. Cuando escuché el discurso del presidente Otto Pérez Molina en el 68º periodo de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, me pregunté en qué país le han dicho que vivimos. Me lo sigo cuestionando.

El mandatario dividió su discurso en partes: la primera para resaltar lo que considera logros de su gobierno y la segunda para continuar impulsando la discusión sobre las drogas. Para efectos de este artículo y sobre lo que el Presidente pregona en el exterior acerca de nuestro país, solo me referiré a la primera parte del discurso en relación al tema de seguridad.

Por Jody García
yojody@gmail.com


Aunque el gobernante dijo estar insatisfecho con los resultados hasta ahora alcanzados, en consistencia con la que fue su campaña para alcanzar la Presidencia de la República, Pérez Molina se refirió a los temas de seguridad y empleo.

En el primer caso, el funcionario hizo resaltar en su discurso que en las zonas urbanas de la Ciudad de Guatemala, donde prevalecían homicidios, extorsiones e inseguridad, el gobierno que preside ha logrado restituir la paz y la convivencia social, como si en algún momento hubiésemos gozado de paz y tranquilidad.

También afirmó que desde 2009 hasta 2013 –57 meses, de los que solo 20 han sido de su período presidencial– se reporta disminución de la impunidad en un 25 por ciento.

Al escuchar el discurso de Pérez Molina, o al volver a leerlo, una no puede sino irse de espaldas, y preguntarse qué le dicen sus asesores o sus ministros y secretarios de la realidad nacional. Qué tanto puede el Presidente profundizar en los datos que se le pasan o qué tan maquillados están para que él pueda ufanarse en un organismo internacional como las Naciones Unidas de los resultados que supuestamente ha logrado su gobierno, porque definitivamente, no solo fui yo quien cuestionó ese discurso.

La realidad en las calles de la ciudad es tan distinta a lo que Pérez Molina nos ilustró en su intervención. Incluso parece ofensivo, no solo para quienes estamos atentos a los acontecimientos nacionales, sino para todo aquél que día y noche está atemorizado, sin poder siquiera caminar tranquilo por la ciudad por miedo a que por robarle sus pertenencias, o porque le exigen extorsiones, le puedan quitar la vida.

En un país como Guatemala, no se debe gobernar solo mediáticamente, porque a nadie podrían engañar solo con mensajes e imágenes repartiendo ayudas gubernamentales o abrazando niños y niñas; debe respetarse a la ciudadanía y a su inteligencia, ya que de nada nos sirven los viajes del mandatario en los que solo llega a contarle a la comunidad internacional las fantasías de su equipo de asesores.

En lugar de hacer tales artimañas, deberían dedicarse a trabajar por los verdaderos anhelos de los ciudadanos, y no es que deba resolver todos los problemas, pero sí entrarle de lleno a aquello para lo cual fue elegido.

Ayer, en una zona urbana de la Ciudad de Guatemala de la que el Presidente habla, en un impulso de miedo me tiré de un bus que estaban asaltando. Por eso me pregunto: ¿Que restituyó la paz y la convivencia social, de qué país estamos hablando?