Como balde de agua fría me cayó la noticia de la trágica situación que se está viviendo en Honduras; primero por la angustia y congoja que están viviendo sus habitantes; y segundo porque hace algunos días había comprado mi boleto aéreo con destino a San Pedro Sula para visitar a una buena amiga, vuelo que tuve que cancelar con ciertos remordimientos.
Dimes y diretes van y vienen entre opiniones de personas de todas partes del mundo que condenan el «Golpe de Estado» así como personas que justifican las acciones del Ejército y de Roberto Micheletti para derrocar a Manuel Zelaya. Creo que ambas son muy aventuradas y con aspavientos -y quizás de alguna forma sesgadas según la ideología política de cada quien- en todo caso alejadas de la realidad, ya que no podemos opinar a favor o en contra de una situación que sólo el pueblo hondureño esta viviendo, y porque lo está viviendo es que la conoce y sabe la verdad mejor que cualquiera.
Si es legal o ilegal, constitucional o inconstitucional, si es un «Golpe de Estado» o bien un procedimiento constitucional y una legítima resistencia del pueblo hondureño el hecho que Manuel Zelaya haya sido separado abruptamente de su cargo, no es competencia de ningún Organismo Internacional o de cualquier otro Estado declararlo; es más sensato exigir que se restablezca cuanto antes la institucionalidad del país centroamericano y quedarnos callados y no opinar sobre algo que desconocemos.
De lo que si voy a opinar puesto que me consta y es una axioma, es sobre el «papelón» que está haciendo la comunidad internacional, que no se da cuenta que al cortar toda ayuda, financiamiento y aislar a Honduras, el daño no lo hace directamente a Roberto Micheletti o a Manuel Zelaya en su caso, sino a todo el pueblo hondureño que es el más inocente de todos; es inconcebible el trato que se le está dando a un país que hace tan sólo unas semanas fue golpeada por un terremoto, y que a la fecha tiene que lidiar con amenazantes movimientos telúricos, ahora también con dos Presidentes, con un Toque de Queda y con la suspensión de ciertas garantías constitucionales, inclusive.
Insulso es Inzulsa, y mentecato también pues su presencia en cada país que visita, lejos de ayudar confronta, o bien pasa totalmente desapercibida como en el caso de Guatemala, donde hubiera sido mejor que no viniera. Seguramente como todo político esta buscando aferrarse a su puesto como Secretario General de la Organización de Estados Americanos, y la oportunidad invaluable de viajar en el mismo avión con Fernández de Kirchner, Correa entre otros personajes, hacer «lobby» y pedir su apoyo no se la pudo haber imaginado mejor.
Espero que cese inmediatamente el injustificado aislamiento al pueblo hondureño por parte de la comunidad internacional, y que el país centroamericano resuelva por sí mismo a través de sus instituciones la situación política que esta viviendo.