Lecciones del cierre del Gobierno de EE. UU.


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Como es sabido por todos, el Gobierno de Estados Unidos cerró todas aquellas operaciones no esenciales o las relacionadas a la seguridad nacional, enviando a su casa a 800,000 burócratas ante la imposibilidad de que la Cámara Baja aprobara una ampliación presupuestaria indispensable para el pago de los salarios de dichos funcionarios.

Juan Antonio Mazariegos G.


La noticia si bien no es nueva, dado que dicho Gobierno ha cerrado en otras ocasiones también sus servicios no esenciales, sí se produce en un momento crítico, pues este mes (el día 17) debe de votarse en ambas cámaras la elevación del techo de deuda a efecto de que el presupuesto de dicho país pueda financiarse o bien se producirá el primer default en las historia de Estados Unidos.

No es ninguna novedad tampoco que el Gobierno americano eleve su techo de deuda, constantemente son necesarias las negociaciones entre republicanos y demócratas a efecto de buscar consensos que permitan la elevación de este techo y de esa cuenta permita que el país se siga endeudando, simplemente es una enorme bola de nieve que no para de crecer y se ha convertido en el modus vivendi de los estadounidenses a efecto de gozar de sus servicios sociales, sus programas de desarrollo, su enorme maquinaria de guerra y su posición dominante en todos aquellos campos en donde la ejerce.

Por supuesto, endeudarse para ellos es sencillo, simplemente ponen a funcionar la maquinita de los bonos y estos se colocan a países, instituciones bancarias o a particulares que encuentran en ellos un refugio ultra seguro para sus inversiones, cuando menos hasta ahora, sin importar que las tasas no superen siquiera las tasas de la inflación interanual. En todo caso, lo que ellos hagan o dejen de hacer, si bien tarde o temprano nos afecta, no debería de ser de primordial importancia para nosotros, sin embargo, el hecho de que todas y cada una de esas fases del proceso de endeudamiento, destinadas a lograr financiar el presupuesto se produzcan y nos revelen el camino al que se dirigen, nos deberían de servir para poner las barbas en remojo y pensar en las consecuencias a corto y largo plazo de presupuestos inmensos y con déficit garantizado como el que se pretende actualmente aprobar en Guatemala. Constantemente leemos noticias locales relativas a las solicitudes como la que el Gobierno central plantea ante el  Congreso de la República para  la aprobación de préstamos extranjeros, esos préstamos, en algunos casos ya tienen como objetivo dar servicio a deudas anteriores, lo cual no es más que una especie de bola de nieve tropicalizada en la que nos hundimos sin cesar y sin remedio alguno, con el agravante que los hoyos que se pretenden tapar, corresponden al presupuesto del actual periodo que es menor al presupuesto que el Gobierno pretende para el año próximo. En algún momento el Ejecutivo o el Legislativo deberían de recapacitar y abstenerse de seguir hipotecando el futuro de todos, no somos Estados Unidos y a nosotros la deuda nos cuesta más cara que a ellos, eso sin entrar siquiera a hablar de transparencia o de la calidad en el gasto que se pretende presupuestar.