Entre las condiciones necesarias para atraer inversión a un país, están: infraestructura económica; servicios como: agua y energía; salud para la población; y, hasta ahora, un marco legal con la certeza de su cumplimiento. Una de las más importantes y a la que se presta muy poca atención en Guatemala, es la productividad de la fuerza de trabajo; puesto que, si una persona puede producir lo mismo que lograba elaborar en 8 horas, tan solo en 6, eso es ya un aumento de la productividad que puede beneficiar al país en la atracción de la inversión, con el consiguiente aumento del nivel de vida de las personas.
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Guatemala cuenta con esas condiciones pero desarrolladas a medias, veamos la de la productividad: en palabras sencillas, es cuando un trabajador puede producir más con la misma o mejor calidad, en el menor tiempo posible. Para lograrlo, puede auxiliarse de una variedad de instrumentos para dicho fin, o bien, trabajar con mayor intensidad.
La fuerza de trabajo nacional, tiene algunas ventajas que se circunscriben al ámbito de la productividad, pero que son desaprovechadas por varias empresas, porque a pesar de que existe una variedad de cursos o carreras que se centran en el estudio de la correcta dirección del recurso humano, para lograr el máximo desempeño de cada empleado, y a la vez, conseguir una cómoda relación laboral, de beneficio tanto para el trabajador como para el empresario; en Guatemala aun no se tiene la cultura de saber orientar a las y los trabajadores en el desempeño de sus labores. Porque en este país, a cada quien, le parece que le hace un favor a su contraparte; el empleador, al darle trabajo al trabajador; y el empleado, el «hacerle la bolsa» al empresario.
En esa patética postura se basa en varios centros laborales el ambiente de trabajo, contexto que provoca que en el momento propicio, cada quien le arrebate algo al otro. Por ejemplo: el empleador más horas sin pago adicional al empleado, y el trabajador, más tiempo en ocio, o materiales propios para la producción, al empresario.
Conozco a varias personas que trabajan directamente en la producción de algunos bienes y servicios, personas que, en mi opinión, son competentes, responsables y, sobre todo, productivas; que lamentablemente, en sus centros de trabajo, no se les incentiva, pues, aunque realizan con dedicación y esmero su labor, cada día la jornada se les alarga más y más, sin ningún beneficio adicional; situación que, inevitablemente, provoca descontento y por ende, menor rendimiento que, las empresas necesitan.
Varios analistas argumentan que, cuando se viven situaciones como la actual, es decir, cuando el desempleo abunda, el crédito es escaso, y las ventas se caen; cada empleado debe cuidar su trabajo, porque puede estar en riesgo de perderlo. Cuestión que puede generar un sinfín de posturas encontradas.
Lamentablemente, de todas las potencialidades que tiene nuestro país, por tratar de explotarlas todas sin una dirección clara, no se aprovecha ninguna; cosa que por trivial y trillada que parezca, afecta a nuestro presente y futuro.
Los empresarios deben aprender a estimar e incentivar a la fuerza laboral.