Tengo rato de tener la impresión que nuestros funcionarios públicos antes, durante y después de tomar sus decisiones no las consultan con la población, no lo digo en el sentido de pedirle permiso, sino estudiar sus problemas a profundidad, para no quedar mal cuando quieren quedar bien o de seguir dando la imagen que no tienen los pies firmes sobre la tierra. Nadie ignora que la mayoría de nuestra gente está pasando por una de las situaciones económicas más críticas de su historia. De ahí, que si yo estuviera en su lugar, sondearía su sentir y no saldría anunciando a tambor batiente medidas, que a la gente le causa risa o peor todavía, se ponga como los once mil jicaques.
Como ejemplo, tenemos que la semana pasada a toda página y color, el gobierno anunció su llamado PACTO DE SOLIDARIDAD (para la estabilización de precios de algunos productos que integran la canasta básica). En el punto primero el anuncio dice, (sic) «El pan francés se mantendrá en Q.35 centavos por unidad, de la fecha al 31 de diciembre del presente año». Y cuando le pregunté a doña Chon ¿qué entendía por esto?, me respondió con la franqueza que caracteriza a la mujer guatemalteca -mire don Paquito, si están hablando del diminuto francés, que no pasa de dos dedos de ancho por cinco de largo, el precio de 35 centavos sigue siendo un robo, porque su sabor no es ni por asomo el de antes, su peso es como el del aire y no pasan ni cuatro horas en la panera para que se vuelvan piedras. Sigue preguntando -¿se puede imaginar cuántos escuálidos francesitos como ese, le tengo que dar a los patojos para que no se le peguen las tripas?
Cuando hablo de doña Chon, me estoy refiriendo a nuestra gente común y corriente, que sabe lo que cuesta ganarse el dinero con el sudor de su frente, que nunca ha tenido acceso a licitaciones, contratos u órdenes de compra de productos o servicios para el Estado, las que rinden no menos de un diez por ciento de comisión y por ello, es que brincan del petate al Cadillac en corto tiempo. Qué decir entonces que sólo tres productos se tomaron en cuenta para «proteger el bolsillo de las guatemaltecas y los guatemaltecos» (cuando lo último es lo correcto en nuestro bello idioma español). ¿No es seguir viéndonos cara de lo que no somos?
Por ello Doña Chon pregunta -¿y qué hay de los huevos, frijoles, azúcar, carne de res, pescado, maíz, leche, zanahorias y demás hierbas?; ¿es que el Presidente, el Vice, los ministros, secretarios, asesores, magistrados, jueces y no digamos los diputados sólo comen panes franceses, aceite de cocina y las artes oscuras del pollo? Todo esto es lo que piensa el pueblo y nadie que viva en Guatemala puede ignorarlo, mucho menos quienes tomaron la decisión de llamarle a este chapús «pacto de solidaridad», quienes diseñaron el anuncio, redactaron su texto y le dieron el toque artístico hasta para ponerle una paloma en una esquina. ¿Será esa la manera de buscar la paz?