Lastre para muchos años


A causa de la hambruna que se vive en varios municipios del paí­s, el tema de la seguridad alimentaria ha cobrado más importancia porque al final de cuentas es un hecho que somos el paí­s de América, incluyendo Haití­, con bajo í­ndice de desnutrición crónica y uno de los peores del mundo entero.


Esa desnutrición crónica significa que más de la mitad de la población guatemalteca tiene déficit de crecimiento que se manifiesta no únicamente en la talla sino también en el desarrollo intelectual, lo que constituye un lastre que nos afectará durante muchos años porque aún si empezáramos hoy a combatir el problema y lo pudiéramos corregir en corto plazo, lo cual no se ve posible, de todos modos el daño está hecho para una inmensa cantidad de guatemaltecos.

El escándalo presente es aun peor porque estamos hablando de í­ndices de desnutrición crí­ticos que pueden provocar la muerte de niños que no reciben la adecuada ingesta alimentaria y sufren literalmente de hambre. En ocasiones anteriores, cuando se han dado casos similares, grupos de poder se han mostrado asombrados de que en municipios y regiones del paí­s se puedan dar situaciones que parecieran extraí­das de una documental sobre paí­ses africanos, pero la verdad es que la desnutrición en Guatemala no es un fenómeno extraordinario sino parte de lo cotidiano que al final nos pasa a todos una gran factura.

Debido a esa dicotomí­a que presenta nuestro paí­s, donde una minorí­a ilustrada y acomodada tiene el poder de decisión sin conocer en realidad las necesidades de una mayorí­a en condiciones de pobreza, nos hemos acostumbrado a esa realidad sin que nos provoque reacciones para cambiarla. Diariamente mueren algunos niños por falta de alimentos, pero lo peor de todo es que la mayorí­a de nuestros infantes crecen poco, fí­sica e intelectualmente, y los condenamos a vivir con limitaciones por ese descuido de la sociedad para atender necesidades tan elementales como la alimentación.

Por supuesto que algo pueden ayudar programas como los de Cohesión Social, pero no son suficientes porque no van acompañados de polí­ticas de mediano y largo plazo que promuevan el desarrollo y aseguren oportunidades para toda la población. En otros paí­ses donde se recurre a esas transferencias de fondos para combatir la pobreza, se entiende y asume que es una polí­tica de emergencia que alivia las más ingentes necesidades en tanto empiezan a rendir frutos otros programas de más largo plazo que apuntan al desarrollo integral de la persona. En Guatemala, acaso porque Cohesión Social es un brazo polí­tico – electoral, no se ha aterrizado en necesarios complementos que debieran ser la columna vertebral del desarrollo humano.