En esta columna de sábado veremos las últimas sinfonías de Gustav Mahler culminando nuestra apreciación sobre las mismas y pretendiendo con suma humildad que estas líneas sirvan de guía musical para escuchar a tan insigne sinfonista, y, además, este pentagrama sublime es digno marco sonoro para Casiopea, esposa dorada, que cual gacela de nube camina cotidianamente en mi alma, dejándome sus huellas de amor incrustadas en los luceros de mi sangre, y quien, cual lumbrarada de estrellas, penetra a cada instante en las estancias de nuestra casa-ancla.
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela A mi padre, maestro Celso Lara Calacán, con inmenso amor.
Quinta Sinfonía, en Do sostenido menor
Marcha fúnebre: Se desarrolla sobre una llamada cuyo ritmo recuerda la «Marcha Nupcial» de Mendelssohn. Pieza rebelde y obstinada, que, sujeta a las sombras de la existencia, se pierde en un triste suspiro.
Impetuoso, con la mayor vehemencia. Continuación insistente del primer tiempo, en forma sonata, temáticamente relacionado con la Marcha Fúnebre.
Scherzo con dos Tríos
Adiagietto. Esta pieza corta, íntima y reprimida, escrita para orquesta de cuerda y arpa, sigue el esquema A-B-A; tras lo sobrecargado de los tiempos precedentes nos da un momento de descanso.
«Rondó». A pesar del ambiente predominante pastoral, este tiempo es una mezcla de Rondó y Fuga.
Novena Sinfonía, en Re mayor
Mahler no ha podido dar la última pincelada a esta obra; su amigo Bruno Walter se ocupó de ello.
Andante cómodo, Richard Specht, amigo y admirador de Mahler, ha llamado a este tiempo, no sin razón, «Gran canción a los niños muertos». La música se hace aquí «universo sonoro», para utilizar una expresión sacada de las cartas de Mahler.
Un Landler, con la indicación «Algo pesado y muy áspero».
Rondó, Burlesca.
El manuscrito, según Paul Bekker, lleva esta indicación: «Dedicado a mis hermanos en
Apolo»; si tal es el caso, la dedicatoria resulta irónica, pues la alegría tiene aquí algo de
burlesco.
Adagio. Este tiempo es uno de los más bellos y nobles de Mahler, y recuerda a Bruckner en varias ocasiones.
A pesar que se nos quedó en el tintero una de las más grandes obras de Mahler, la Sinfonía No. 8 «De los Mil», creemos haber dado una idea de la monumental música del genial y original compositor del post-romanticismo, Gustav Mahler.
Las notas anteriores las basamos en los acercamientos que hemos hecho sobre la obra de Mahler; los estudios de Eric Zalman, H. Howeler, Romand Roland, Adolfo Salzar y sobre las indicaciones oportunas y atinadas que en amplias sesiones de trabajo tuvimos con Enrique Anleu Díaz, quien próximamente dirigirá en Estados Unidos la Primera Sinfonía de Mahler, como Director Invitado de la Orquesta Sinfónica de Pittsburg.