Siempre me ha gustado el teatro y admiro a las personas que pueden actuar en una función teatral. Se necesita gran valentía para hacerlo y talento natural (además de estudios para perfeccionarlo) porque no es solo aprenderse un parlamento y pretender que alguien ya es actor. Y en este país, hacer teatro ha sido siempre muy difícil.
También es cierto que últimamente ha venido a imponerse el teatro de jaja-já, para divertir al espectador, para que pase un buen rato y punto. Se busca hacer olvidar -aunque sea por un rato- la difícil situación de la vida. Y es válido, aunque para eso está mejor la caja que idiotiza. Pero cuando se unen talentos verdaderos, una buena estructura narrativa y unos toques artísticos en el montaje, el espectador la pasa bien… y, si a eso le agregamos buenos actores que nos permiten reír y hasta llorar, se agradece.
En silencio he seguido la carrera de Jorge Ramírez y Mónica Sarmientos, desde la famosa obra “La Epopeya de las Indias” (la historia contada al revés) que fue y sigue siendo un éxito y un parteaguas teatral. Creo que he visto una buena cantidad de obras de este grupo, en los últimos 15 años y he logrado apreciar una evolución positiva en sus producciones. La mayoría de esas obras, han tenido el mérito de hacernos reír y pensar, a la vez. Cosa muy difícil de lograr durante tanto tiempo, porque es complicado proyectar risa y reflexión al mismo tiempo. ¿Tal vez porque disfraza muy bien la dura realidad de vida?
Pero estos artistas teatrales, tienen el mérito de que cada obra que montan, se convierte en éxito. Desde que se presentó “Mi candidato no es chafa…” (hace un par de años) para acá, la tónica del grupo ha sido de crítica severa en contra de los políticos de turno, sean que estén en el poder o aquellos que buscan apropiárselo. El sábado anterior fui a ver “¿Dónde está la mano dura…?” y pude percibir mucho talento en escena. Aprecié a Mónica Sarmientos, Ángelo Medina, Édgar el “Cubo” Arriola, Rodolfo Romero, “Tita” Mendoza y Efrén Celada, dirigidos por Jorge Ramírez, en una excepcional noche de carcajadas y anécdotas cómicas sin parar.
La virtud ha sido fiscalizar todo aquello que está mal puesto en Guatemala, a través de la guasa, la burla, el chascarrillo de nuestra realidad diaria. Y lo logran con gran acierto y hacen que el público se ría de sus desgracias: de los políticos gobernantes que no han cumplido con sus promesas, de los diputados-tranzas del Congreso Nacional, de los alcaldes corruptos, de los policías sin criterio que reprimen al pueblo. A veces con palabras altisonantes (innecesarias), a veces con exagerado mal gusto, otras con chistes baratos y archiconocidos… pero permiten que a los asistentes literalmente nos duelan las mandíbulas de tanta carcajada. El objetivo es divertimento puro…reír y reír.
Dicen que eso es bueno, pues se va el estrés… y es cierto. Es tan positivo que uno sale como liberado de sentimientos de culpa de lo que pasa en este paisito, infestado de gentuza de baja estofa, que se ha venido a apropiar de nuestro destino. Sin embargo, la risa dura apenas solo unos momentos. Porque prendemos la radio noticiosa, vemos los noticieros de televisión o pasamos los ojos por un periódico… y comprendemos que estamos peor y peor, cada día.
El grupo de comediantes que dirige Jorge Ramírez, tiene el mérito de protestar por tanta violencia que nos tiene realmente de rodillas. Y no solo criticar al gobierno pasado, también al de hoy… y de paso al LIDER, a CREO, al UNIONISMO y a TODOS. Enhorabuena por estos artistas. Ellos, con vehemencia, valentía y fuerza, asumen su papel en la vida nacional.